Archivo diario: 12 junio, 2018


EDITORIAL JUNIO

Clara Fontana nos habla de lo que ha supuesto la 11ª promoción del Colegio, que se graduó el pasado viernes. Son los primeros alumnos 100% Kolbe.

El pasado viernes 8 de junio despedíamos a la 11ª promoción del Colegio, la primera 100% Kolbe. Muchos de estos maravillosos jóvenes empezaron hace 15 años su travesía por el Kolbe cuando eran los primeros ratones del Colegio, con Chus y Puri como tutoras.

Cada año llega este momento, envuelto en medio del maremágnum del final de curso, y aunque estemos inmersos en los líos y preocupaciones propios de este periodo del año, lo que me invade es un agradecimiento enorme. El agradecimiento nace de verles a ellos, a cada uno de nuestros alumnos. Son, sin duda, lo mejor de nuestro trabajo, su fruto maduro y visible. Y verles me llena de esperanza, algo sin lo cual es imposible vivir. La finalidad de nuestro trabajo adquiere un enorme sentido en este día en el que mandamos a estos hombres y mujeres al mundo.

El agradecimiento se dirige a muchas personas que han contribuido a hacer de estos jóvenes lo que son hoy. Ante todo, a sus padres, a los que les agradecemos de todo corazón que nos hayan confiado todos estos años lo mejor que tienen, sus hijos; al equipo directivo del Colegio, cuya labor – muchas veces oculta – ha sido mucho más esencial en su formación de lo que imaginan; a todos y cada uno de sus profesores, con especial mención a sus tutores: gracias por tantos desvelos.

Es innegable que cada promoción tiene sus batallas y la que ahora termina ha dado guerra, pero es también muy cierto que nos hemos divertido mucho enseñándoles. Han sido grandes discutidores y protestones, lo cual a veces es agotador, pero también divertido; también han sido muy alegres; y todavía no sabemos cómo lo hacían algunos para comunicarse estando cada uno en un extremo de la clase, pero ¡lo hacían!.  Además de ese carácter protestón – signo de un corazón grande, lleno de exigencias, sobre todo de justicia -, ellos han aprendido a fiarse, han confiado en nosotros y han seguido nuestras propuestas.

El que es sencillo percibe enseguida cuándo alguien le estima, aunque eso pase por tener que tragar a veces un jarabe amargo. El que es sencillo se fía cuando ve que quien tiene delante es de fiar. Y en ese camino de sencillez han crecido – no sin luchas y rebeldías – dejándose hacer, siguiendo lo que se les proponía y hoy podemos decir con orgullo que se han convertido en hombres y mujeres hechos y derechos. Y esto lo decimos muy conscientemente, porque han sabido afrontar este último año tan duro, algunos llevando mucho lastre a sus espaldas (el sufrimiento en sus familias; el agobio y la ansiedad, tan difíciles de controlar a veces; la frustración por el esfuerzo no recompensado como esperaban y seguramente como merece; las dificultades en las relaciones; …).

Como decía el lema de su clase, que les ha presidido todo el año: “Ningún mar en calma hizo experto a un marinero”.

Para terminar, quiero compartir las palabras de una persona que he descubierto recientemente leyendo un libro, Requiem por Nagasaki. Se llama Takashi Nagai  y fue un médico japonés que vivió solo 43 años, murió en 1951 y que vivió una vida intensa y apasionante, no exenta de dolor y dificultades. El era un gran amante de la poesía haiku, un tipo de poema del Japón muy corto, que evoca en pocas palabras el asombro y la emoción ante la naturaleza. Pero sobre todo fue un gran buscador, un hombre siempre atento a su corazón, y eso le llevó por caminos totalmente inesperados. Él decía lo siguiente:

Hay gente que escribe poesía haiku para ganarse la vida. ¿Sabes lo que pienso? Deberíamos hacer que nuestras vidas fueran poesías haiku. Ya trabajes duro en una fábrica ruidosa, bregues en un barco de pesca o luches por sobrevivir en una tienda deslucida. Hay gente que ha escrito poemas haiku inspirada en situaciones tan prosaicas como esas. Y nosotros, si de verdad queremos, podemos convertir cualquier tarea, las 24 horas de cada día, en un poema. Desde luego, primero tenemos que tener un alma que sea seria y luminosa al mismo tiempo. Tenemos que ver más allá de la superficie de las cosas, buscar la belleza escondida de todo y descubrir las cosas gloriosas que nos rodean. Así cada día se hace un poema haiku.”

“Hay gente que hace su trabajo porque tiene que hacerlo. Hacen la tarea, pero, en cuanto a libertad y alegría se refiere, pagan un precio. Los niños, por otra parte, juegan sus juegos con todo su ser porque conocen la libertad y la alegría. ¿Y no nos dijo alguien que teníamos que hacernos como niños?

Pues este es mi mayor deseo hoy para quienes han recorrido el camino con nosotros: que se mantengan con la alegría y la sencillez de los niños. Ojalá donde vayan, hagan lo que hagan, sean gente que pone todo su corazón en lo que hace, como hacen los niños, y su vida se vaya convirtiendo en un poema haiku.

Creo que hablo en nombre de todos los profesores: os llevaremos siempre en el corazón, con vuestra sencillez y alegría de adolescentes, esperando encontrarlas cuando volváis, envuelta en la madurez de los jóvenes – que ya sois – y de los adultos que seréis.


NUESTRA VISIÓN DE “LAS MENINAS”, DE BUERO VALLEJO

Mónica Fúster y Marina del Río nos hablan del vídeo que han creado sobre la obra Las Meninas, de Buero Vallejo.

Somos alumnas de Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales. Pasamos mucho tiempo juntas porque hemos estado yendo a estudiar todo el curso a la biblioteca del pueblo. En clase de Lengua Castellana y Literatura hemos estado trabajando un drama histórico de Antonio Buero Vallejo llamado Las Meninas. Mientras lo leíamos, comentamos lo mucho que nos había transmitido la obra, y sobre todo la explicación que nuestra profesora, Eva, nos daba de lo que el autor quería expresar con ella.

Investigando sobre Buero Vallejo en Internet encontramos un vídeo sobre una obra suya Historia de una escalera, hecho por unos alumnos de Bachillerato de otro colegio.

Dado que a una nosotras se le da muy bien todo lo audiovisual y a otra la literatura, nos propusimos juntarnos para hacer un vídeo que sintetizase lo que nos había gustado de todo lo que habíamos aprendido sobre “Las Meninas”. Lo hicimos por amor a la obra, sobre todo, no porque nos lo hubieran mandado o fuese a contar algo para nota: ¡No queríamos irnos del Colegio sin haber hecho algo así!

Le propusimos el trabajo a Eva y también a José Luis, el profesor de Cultura Audiovisual, para que nos diesen algunos consejos. Este es el resultado, y más abajo, unas pautas para entenderlo mejor:

El vídeo pretende expresar con imágenes lo que Buero Vallejo recoge en una escena concreta de Las Meninas, donde la Infanta Margarita acude a Velázquez, su amigo y confidente, para preguntarle por la verdad respecto a su padre.

Los recursos que hemos empleado son:

  1. La luz: simboliza la verdad. Gracias al time lapse, podemos ver el paso de la oscuridad al amanecer, como expresión de la verdad que se va desentrañando a medida que avanza la conversación de la Infanta y Velázquez.
  2. El túnel tiene que ver con el recorrido por el que la persona atraviesa en la búsqueda de la verdad, que es oscuro pero con una esperanza final que nos mantiene caminando.
  3. Las ramas: simbolizan todo lo que no nos deja ver la verdad, esa búsqueda agitada, agobiante, exigente, como la de la Infanta María Teresa.
  4. La niña y el chico: queremos expresar cómo un adulto acompaña a una niña que ha ido creciendo poco a poco, y es sincero con ella. El momento en el que la niña se sube al banco expresa cómo ella es incluso más valiente que el adulto en la búsqueda, porque a veces el adulto no quiere ver la realidad que tiene delante. María Teresa cree que lo correcto es enfrentarse a la realidad (quiere saber si su padre ha tenido más hijos que ella, porque lo ha oído en la Corte). Velázquez no quiere ser sincero con ella porque hay una evidente diferencia de status social y él asume un riesgo.
  5. Los ojos: son símbolo de la apertura a la verdad. La Infanta expresa cómo en la Corte le cierran los ojos porque no quieren que vea la verdad, y es ahí cuando Velázquez, conmovido, se la dice, confirmando los rumores.
  6. El abrazo: es un símbolo de la relación entre ellos dos. Buero narra cómo María Teresa admira y confía en Velázquez como en un padre. Le ve un hombre de verdad y no un niño como otros adultos.
  7. Nuestros compañeros de clase: a pesar de la visión un poco pesimista del hombre, Buero no pierde su fe en la humanidad.La imagen de nuestros compañeros de clase primero serios y luego riendo quiere expresar que a pesar de que el hombre es imperfecto y egoísta, como expresa Buero, siempre tiene dentro algo que le hace valioso.
  8. La niña señalando al espectador plantea un desafío. ¿Te atreves a buscar la verdad?

En resumen, estamos muy agradecidas a Eva por habernos transmitido lo que Buero Vallejo quería expresar con esta obra.