EDITORIAL ENERO


Clara Fontana nos habla sobre la cohesión del equipo docente.

Si tuviera que describir en una palabra lo que más caracteriza la forma de trabajo del personal docente elegiría esta: cohesión. Dice la R.A.E. que cohesión es “el efecto de adherirse las cosas”. Estar pegados, en resumen, que, en nuestro caso, no es por asimilación acrítica con lo que hace quien tenemos cerca, sino por una tendencia permanente a un criterio común que amplifica nuestra mirada y nos hace mayores de lo que somos.

La cohesión didáctica implica compartir, lo que en la jerga escolar se llama coordinación. Esta coordinación en muchos colegios e institutos se reduce a una toma de acuerdos o un reparto de tareas, lo cual no es poco.

Nosotros llevamos a cabo algo más, compartimos y discutimos objetivos educativos, criterios didácticos y, ¿cómo no?, criterios de evaluación. Este trabajo no va en menoscabo de la libertad de cada uno (la famosa “libertad de cátedra”), sino que la exalta, pues pone en el punto de mira constantemente la mejora de nuestra práctica docente de una forma comunitaria. Además, nos ayuda a identificarnos con las razones del otro por lo que la toma de decisiones se hace en común, con una intención de verificar la eficacia e idoneidad de las mismas.

La cohesión de todo nuestro equipo docente implica, necesariamente, un tiempo de coordinación a distintos niveles.

En el plano vertical, de abajo a arriba, es muy importante plantearse cómo secuenciar de forma adecuada la enseñanza de las grandes áreas (lengua, matemáticas, inglés), además de dar una continuidad a la metodología y los objetivos educativos desde Infantil hasta Bachillerato. Para ello, los que llamamos “departamentos didácticos” (Humanidades y Ciencias Sociales, Ciencias y Matemáticas y Lenguas Extranjeras), compuestos por los profesores de cada ámbito, se reúnen semanalmente en Secundaria y quincenalmente en Primaria. Un ejemplo de este trabajo es el de la evaluación de los alumnos, uno de los parámetros de calidad educativa que se miden a la hora de certificar un centro educativo y que nos permite ser objetivos y medir la calidad de nuestro trabajo. En la práctica, un equipo cohesionado, compuesto por profesores de la misma materia, debería ser capaz de corregir de la misma forma un mismo examen, y asignar la misma puntuación, décimas arriba o abajo. Nosotros lo hacemos para autoevaluar nuestra coherencia y revisar nuestros criterios si  detectamos divergencias. Ello no es obstáculo para que a la hora de evaluar se mire la realidad de cada niño, pues lo que en uno es un enorme progreso, en otro es un paso pequeño. A esto también nos acompañamos, con la inestimable ayuda del Departamento de Orientación.

Además, los profesores y coordinadores de Infantil, Primaria y Secundaria tienen reuniones periódicas en común donde abordan la transición de una etapa a otra en lo que respecta a la metodología y otros aspectos más transversales: método de estudio, expresión oral y escrita, fomento de la lectura, etc…

El espíritu de esta coordinación es comunicarnos por qué hacemos las cosas

y tomar decisiones comunes basadas siempre en criterios fundamentales.

De forma horizontal, todos los profesores participan cada semana en reuniones de etapa – y de ciclo en el caso de Primaria – donde atendemos a la realidad de cada momento evolutivo, aterrizando en qué contenidos concretos queremos enseñar y cómo lo hacemos, además de evaluarse a cada niño de forma colegiada. Esta práctica de las “juntas de evaluación”, exigida por ley, es la más adecuada porque implica una mirada global al alumno que es imprescindible. No se mide su rendimiento académico por materias de forma aislada, sino que se ponen sobre la mesa aspectos que nos hacen valorar su rendimiento en su conjunto, compartiendo información que puede afectar a todas las áreas de distinta forma y ajustándonos a la realidad concreta de cada niño. Por otra parte, en estas reuniones horizontales se programan objetivos comunes, se plantean aspectos formativos del profesorado, se presentan novedades en cuanto al material didáctico de apoyo, se planifican eventos y se comparten experiencias didácticas y educativas significativas.

Por último, de forma trimestral, tienen lugar las Comisiones de Coordinación Pedagógica (C.C.P.), un diálogo abierto entre todos los representantes de etapa donde se tratan aspectos relativos a las líneas maestras del Colegio. No se trata de una reunión de tipo práctico, sino de una revisión de los aspectos que nos hacen quienes somos: nuestros valores, proyectos, planteamiento educativo de fondo, siempre ante la realidad que nos está tocando vivir. Estas reuniones hacen que nuestro proyecto educativo esté vivo y se actualice cada vez. Cada tres o cuatro años, además, y como colofón de este trabajo, nos reunimos en un Congreso de Educación para reflexionar sobre lo que aportamos como Colegio dentro del panorama educativo actual. Este trabajo “hacia fuera” lo llevamos a cabo en grupos más reducidos con profesores de otros colegios que comparten nuestro planteamiento educativo. En el próximo, que se ha convocado para el mes de abril, por ejemplo, haremos una revisión de fondo sobre el tema de la transmisión de la cultura en España y pondremos en común experiencias de educación de la razón y educación en la experiencia.