EDITORIAL ABRIL


Clara Fontana nos habla de la participación del Colegio en el Congreso “Una escuela abierta al mundo. Experiencia y razón en el aula”

El fin de semana del 13 y 14 de abril, unos cuarenta profesores del Colegio participaron en el Congreso organizado por la plataforma educativa Be Education y promovido por un grupo de colegios, entre los que se encuentra el nuestro. El título del mismo era “Una escuela abierta al mundo. Experiencia y razón en el aula”. La amistad entre equipos directivos y profesores de estas escuelas fue el origen de este encuentro, en el que diferentes ponentes nos ayudaron a reflexionar sobre nuestra tarea.
Además, algunos de nuestros profesores llevaron a cabo talleres sobre diferentes propuestas didácticas que fueron todo un éxito y despertaron gran interés. En concreto, “Coordinación Infantil-Primaria: una experiencia de encuentro”, a cargo de Puri Arribas, Mª Jesús Moñino, Pía Andreo, María Salto y Olga Ballestín y “De la experiencia al modelo”, un taller de Ciencias orientado a la etapa de Secundaria, que tuvo como ponente a Macarena García, con el apoyo de Javier Spínola. 

Es difícil resumir todo lo que se dijo pero intento compartir con vosotros las cuestiones más interesantes y sugerentes.

En cuanto a la concepción educativa, ha sido especialmente interesante todo lo que ha girado en torno a la palabra experiencia, que ya puso encima de la mesa el primer día Giancarlo Cesana. Para que el alumno aprenda debe hacer una experiencia y ésta va ligada no solo a “probar” o “experimentar” algo, sino a juzgarlo, a valorarlo. Solo así la experiencia se transforma en cultura, en conocimiento.

Gregorio Luri nos hacía reflexionar sobre los elementos que debe tener una verdadera experiencia educativa:

  • no debe ser neutral (contaba cómo hay competencias como la capacidad de superación o la perseverancia que son tan importantes para ser ladrón como para ser médico)
  • debe posibilitar que se integre lo aprendido en un concepto, en un vocabulario nuevo (hablaba de “empalabrar el mundo”)
  • debe tener claro el tipo de persona que quiere educar. En este último punto surgía la importancia de educar las habilidades no cognitivas, entre las que Luri destacó la voluntad y la atención. Fue interesantísimo su apunte sobre la sobrevaloración del interés frente a la voluntad en la concepción educativa moderna (definía la voluntad como “la fuerza de ánimo que te permite ponerte a trabajar en ausencia de interés”). También nos encantaron sus sugerencias sobre lo que ayuda a educar la atención: la lectura lenta, la formación musical y las matemáticas.

 

Una cuestión que surgió en diversas ponencias fue la importancia de los maestros. Se dijo que la principal responsabilidad de un colegio es cuidar la humanidad de los profesores y la compañía entre ellos. El profesor debe, ante todo, comunicar lo que es (decía Gregorio Luri que “el órgano de nuestros hijos para ser educados es el ojo”, por lo que no es cuestión de muchas palabras). Anna Frigerio, directora del Colegio Sacro Cuore de Milán, afirmaba que “educar es la comunicación de sí mismos, es decir, del modo en el que uno se relaciona con la realidad”. Giancarlo Cesana insistía en que el educador se tiene que poner en manos del alumno, se tiene que confiar a él y el alumno puede decir “no”. Los profesores se dirigen al aspecto más misterioso de la persona, su libertad. Se hablaba también de la importancia de que los profesores se formen siempre, cada vez más, en el conocimiento de las materias que imparten.

De todas estas cuestiones de fondo, de las que os traslado un esbozo por falta de espacio, se deriva la didáctica, que debe estar al servicio de la persona.

El criterio que define una buena didáctica es que logre despertar a la persona, volverla protagonista.

Para aprender y comprender algo es necesario apropiárselo, no basta con acceder a la información. Porque un dato se hace tuyo, se te hace evidente, cuando descubres qué tiene que ver contigo y con el resto de la realidad. Por eso, es esencial despertar lo más original que hay en la persona, a saber, sus exigencias fundamentales – de justicia, de verdad, de bien, de belleza – que subyacen a cualquier movimiento humano. De ahí que una relación educativa auténtica tenga que ver con descubrir el mundo juntos y estar presentes ambos (profesor y alumno) con toda nuestra persona, y no depende tanto de las estrategias didácticas (siempre bienvenidas, por otra parte).

Las grandes cuestiones de la didáctica se han identificado con la palabra, la mirada, y la pregunta. Enseñar a mirar, aprender juntos a preguntar y empalabrar el mundo para hacerlo nuestro son algunas de las pistas de trabajo que nos llevamos.

Por último, impresionante la experiencia del joven profesor francés Francois Bellamy, que nos invitaba a transmitir el gran legado cultural de Occidente a nuestros alumnos para no convertirles en “Los Desheredados”, título del libro que está batiendo récords de ventas en Francia y traducido ya al castellano. Nos dio horizonte e ilusión por seguir estudiando y transmitiendo el valor y la belleza de nuestra cultura.