FRANCO NEMBRINI EN EL KOLBE
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20-10-15

Este viernes 20 de octubre ha tenido lugar un encuentro con Franco Nembrini en el Teatro Auditorio del Colegio Kolbe, donde más de 200 personas entre padres y profesores se han reunido para escucharle hablar del desafío educativo que tenemos entre manos.

Durante este encuentro, suscitado por una preocupación creciente ante el cambio de época que atravesamos y la desorientación que conlleva, hemos querido preguntar a Franco: ¿cómo no perdernos en este mundo confuso que parece destruirse y que tantas veces percibimos como enemigo? ¿De dónde partir?

Hemos elegido, concretamente, algunas preguntas en torno a esta cuestión, surgidas del trabajo entre los profesores de nuestro Colegio. Estas son, resumidamente, las respuestas que nos ha dado.

El alarmismo pesimista que percibimos en nuestra sociedad está injustificado. Padres y profesores hemos asistido a un cambio tan radical del contexto en el que vivimos que pensamos que para nosotros hubiera sido imposible, y esto lo proyectamos sobre nuestros hijos, que por contra, se encuentran bastante cómodos en el mundo de hoy. La pregunta que debemos plantearnos es: ¿de dónde partir cuando las circunstancias son tan enemigas como lo son ahora? No podemos partir de nosotros.

La ley fundamental de la educación es que nuestros hijos nos miran dependiendo de lo que ven en nosotros. Si un adulto hoy, en estas circunstancias, está seguro de la bondad de la vida, la educación ya ha empezado bien, porque nuestros hijos no necesitan otra cosa.

La certeza que yo vivo como adulto, observada por mi hijo/alumno se comunica por sí misma. Educar es  dar testimonio de lo que yo vivo. Es cierto que debemos estar atentos al contexto de nuestros hijos y a su situación, pero no como si a ellos les faltase algo, sino como tensión a percibir el deseo deseo profundo que ellos viven. La pregunta del educador es: ¿cómo puedo alcanzarte? Porque entiendo que vives en otro mundo y hablas otro lenguaje distinto al mío. Es lo que te quiero, mi amor por ti, lo que me mueve constantemente hacia ti para poder interceptar cuál es tu verdadera necesidad. 

Nosotros tenemos que hablar de lo que hemos encontrado y vivirlo. Pero como padres y educadores no podemos dejar de mirar con el rabillo del ojo a nuestros hijos, con la pregunta: ¿cuál es el destino que le espera? No se puede educar sin una gran esperanza: lo único que nos piden es esta gran esperanza, que es la que les puede permitir vivir.

Solo nuestra esperanza despertará a la suya: estamos llamados a un gran acto de confianza: la confianza en Dios. Dios sigue haciendo lo mismo que hacía al principio de los tiempos: la realidad, bellísima y el corazón del hombre dispuesto a amarle.

Un adulto que no vive de la bondad de la realidad que tiene delante y de la bondad del corazón bien hecho de su hijo, ¿cómo puede educar?¿Cómo se puede educar sin esperanza?

Hay que levantarse por la mañana, abrir la ventana y decir a nuestro hijo, de parte de Dios: todo es Bueno, muy Bueno. Nuestro corazón debe estallar de alegría ante nuestro hijo. Si el adulto, cada mañana, ha tenido un movimiento de agradecer a Dios porque su hijo existe, luego puede hacer lo que quiera, que su hijo se quedará con la gratitud. Esto precisamente es aquello de lo que el hijo tiene necesidad, y es posible siempre, en cualquier circunstancia. Pero exige paciencia, que es justo lo contrario de la inmediatez.  

Una segunda cuestión decisiva para la educación de nuestros alumnos e hijos es que existe un problema evidente desde el punto de vista del conocimiento: que la realidad cada vez importa menos, parece más relativa. Esta experiencia de confianza en el ser es una experiencia que se tiene en la relación con la realidad. Si existe una diferencia significativa entre esta generación y la anterior, es justo esta. ¿De qué tendrán necesidad cuando lo que es evidente, por ejemplo, para la ciencia o para sus ojos, no les parece real?

Tienen necesidad de adultos ciertos, seguros de la realidad y de su significado. La educación es la introducción en la realidad total. Dios ha hecho las cosas tan bien que si yo enseño a mi hijo a usar la cabeza y el corazón ante las cosas, mi tarea como educador ha terminado.

Si les enseño a estar delante de la realidad con su corazón y su razón, interpretando los signos de los que está llena la realidad, elegirán con su libertad si aceptar su dependencia de Dios o no. Aprenderán a reconocer la presencia de Cristo dentro de la realidad y decidirán si seguirlo o no. Una educación bien hecha acaba en un riesgo educativo, porque la libertad es algo tan serio que hay que respetarla. Debemos limitarnos a enseñarles a estar delante de la realidad según una naturaleza y un corazón bien hechos. Debemos educar su razón y su libertad para que encuentren los signos de la presencia de Cristo.

Franco ha terminado su intervención con el vídeo de un escultor trabajando sobre una estatua de Dante Alighieri y pidiendo a los presentes que adoptemos la posición del escultor ante nuestros hijos cuando, ante la figura aún deforme, es capaz de exclamar: esto está yendo bien, ¡venga, que lo conseguimos! Dicha figura fue regalada al Papa Francisco el pasado mes de junio.

VER VÍDEO ÍNTEGRO DEL ENCUENTRO

Franco Nembrini, Trescore Balneario (Bérgamo, Italia) en 1955, es pedagogo, asesor en materia educativa y autor del libro El arte de educar. De padres a hijos (2013).  Ha sido promotor y director del colegio La Traccia durante muchos años. Es experto en literatura clásica italiana y en concreto en la obra la Divina Comedia, del poeta italiano Dante Alighieri. Sobre ella ha escrito tres libros que han sido traducidos al español y al ruso, y ha  impartido cientos de conferencias por toda Italia. Actualmente, conduce un programa sobre ésta y otras obras de la literatura clásica italiana en la cadena de televisión TV2000.