BACHILLERATO


En el siguiente documento podéis encontrar toda la información referente a las distintas modalidades ofertadas por el Centro.

FICHA ELECCIÓN 1.º BACHILLERATO 2017-2018 | FICHA ELECCIÓN 2.º BACHILLERATO 2017-2018

PROYECTO EDUCATIVO

El Bachillerato es la última etapa educativa de nuestros hijos en el colegio y la única de enseñanza no obligatoria, aunque imprescindible para adquirir una conciencia mayor de todo lo que existe y de sí mismos; así como para acceder a estudios universitarios. Comprende dos años y está orientada precisamente a una primera especialización, propiciada por una vocación profesional clara o aproximada o, al menos, una preferencia o facilidad por una determinada rama del saber.

Alumnas en claseOBJETIVOS

En esta etapa los alumnos han tenido que enfrentarse, al menos de forma general, al reto de preguntarse a sí mismos qué quieren ser y qué quieren hacer, hacia dónde desean orientar su capacidad de conocer de forma específica. Esta decisión de enorme trascendencia para ellos supone, en cierta manera, encauzar desde ahora su futuro profesional.

Esta elección conlleva una especialización y, por tanto, una profundización en los contenidos elegidos. Y con ella, la puesta en práctica de aspectos fundamentales que presiden desde 1º de Infantil nuestra apuesta por la educación, pero que, de forma expresa, se deben manifestar en esta etapa.

Estas facultades comunes, exclusivamente humanas, que queremos potenciar y que a estas edades deben aflorar cualquiera que sea el Bachillerato elegido, son:

  • La reflexión. La escuela es el lugar de la reflexión, del conocimiento, de la conciencia de uno mismo y del mundo.
  • La verdad. Ya que el fin del conocimiento y el objeto de la inteligencia es la verdad, la escuela debe alentar la tensión por conocerla a través de la enseñanza escolar.
  • La curiosidad. El primer paso de la razón en su camino hacia el conocimiento es el sentirse interpelada por todo lo que desconoce de la realidad y que despierta en ella una atractiva provocación. La escuela debe potenciar y sostener esa curiosidad; sobre todo, debe guiarla para que se traduzca en una actitud investigadora, encauzándola hacia la indagación sistemática para que no se pierda en simples reacciones momentáneas superficiales, estériles y sin metodología.
  • El juicio. Como acto de observar y constatar la realidad observada y de atestiguar una experiencia es el punto de partida del razonar.
  • La memoria. No reducida a algo mecánico, separada de la razón. Para poder reflexionar, razonar, relacionar, es indispensable retener lo que se ha comprendido y lo que se ha experimentado.
  • La crítica. La escuela tiene que desarrollar y fomentar la capacidad crítica, es decir, la aptitud de aplicar a los casos concretos y las circunstancias particulares lo que se ha aceptado como bueno y verdadero en un plano teórico o general. La verdadera educación tiene lugar cuando el joven sabe razonar sobre las cosas y juzgar si son conformes a los deseos y exigencias inherentes a su persona.
  • La libertad. Es la facultad genuinamente humana. Sólo las personas podemos elegir y construir nuestra trayectoria personal. Todos tenemos, en definitiva, la misma aspiración: ser felices. Y se es feliz cuando la inteligencia alcanza su objeto, que es la verdad, y cuando la voluntad abraza el suyo, que es el bien. Por tanto, una persona será verdaderamente libre cuando posea el bien que le ha presentado la verdad. De ahí que la libertad sea imprescindible para conocer y amar, para entregar lo propio a favor de lo que reconocemos como bueno. Por eso, decimos que la libertad, en un sentido general, es la adhesión al ser y la posesión auténtica de las cosas; y en un sentido más específicamente educativo, la adhesión de toda la persona a lo que la inteligencia propone como bueno y verdadero.
  • La responsabilidad. Una propuesta educativa verdadera se centra en la libertad. Cada acto libre supone una decisión firme. Para tomarla hay que aprender a sopesar ventajas, inconvenientes y efectos posteriores. Por tanto, la educación también es ayudar a hacer un buen uso de la libertad personal, enseñando a asumir y afrontar las consecuencias de las decisiones tomadas.
  • La dimensión universal. Vivimos en un mundo “globalizado” en el que el horizonte de las personas ya no es su pueblo, su ciudad, su nación, sino todo el planeta. Nuestra sociedad, culturalmente hablando, es mucho más compleja que hace unos años. Entendemos que esta diversidad cultural en la que estamos inmersos es fuente enriquecedora de la convivencia siempre que se fomenten los valores del diálogo, el respeto y la tolerancia.

Este fenómeno tiene además una dimensión educativa interesante. El contacto con otros países, lenguas y costumbres facilita la apertura de la propia posición, al mismo tiempo que consolida la identidad personal en el contraste y el diálogo con otras culturas más o menos “distantes”.