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MI PASO POR EL KOLBE | JAVIER PORTELA

Javier Portela, músico, nos explica la importancia del Colegio en su vocación. 

Debería de haber sido de la segunda promoción del Colegio, pero siempre fui un pésimo estudiante y acabé perteneciendo a la cuarta. Si tuviera que resumir mi paso por el Kolbe en dos palabras diría que ha sido una relación intensa, de amor-odio, y en todo caso trascendental para descubrir mi vocación en sentido amplio.

Fue en el colegio donde descubrí que quería dedicarme a la música, gracias sobre todo a  Jose María Álvarez, director del coro, quien no solamente me dijo que cantar se me daba bien y que podía hacerlo, sino que destacaba. Alentando esta capacidad mía y ayudando a mejorarla,  mejoró también mi propia mirada sobre quién era  y para qué valía yo. En aquellos días solo pensaba que era un completo desastre, porque sacaba malas notas, me ponían partes, me castigaban…incluso llegaron a expulsarme del Colegio una semana. Yo creo que tenían dudas de mi inteligencia, hasta que comenzaron a hacerme pruebas y me quedé sin excusas.

La música despierta la creatividad y está unida con muchas capacidades que no son nada evidentes, como las matemáticas, la comprensión oral, los idiomas… Ahora que paso algún tiempo en el colegio cada día cuidando a los pequeños en el comedor, tengo la oportunidad de comprobar cómo la música tiene cada vez más peso en este Colegio, está todo más cuidado. Eso  me entusiasma. Pienso que un colegio que apuesta por la música es un colegio rico.

La pasión por la música me llevó a obtener en tiempo récord el título profesional de canto, y después me gradué en producción musical. Ahora estoy trabajando como nunca para grabar mi primer disco, con trece temas compuestos y cantados por mí y grabados de la mano de uno de los mejores productores musicales de España, que se ha convertido en un amigo. Estoy teniendo la oportunidad de involucrar a algunos amigos más en este proyecto y está siendo muy bonito. Trato de vivirlo día a día y disfrutar al máximo de todo lo que estoy teniendo la suerte de vivir. No pienso si mi disco va a ser un éxito o no, ni hasta dónde llegaré. Sólo sé que se está cumpliendo un sueño y que tenía que intentarlo.

Además de mi vocación profesional como músico, en el Kolbe descubrí mi vocación como marido. María, la mujer con la que me casaré dentro de poco, fue mi compañera de clase la segunda vez que repetí. Está claro que hacía falta…

 

Escucha la música de Javier Portela o síguele en su canal de YouTube.

 

 


MI PASO POR EL KOLBE | MARÍA SERRANO

María Serrano, redactora de la revista TELVA y antigua alumna del Colegio, nos habla de su paso por el Kolbe. 

Aunque suene a cliché, a la hora de preguntarme qué quería hacer con mi vida, a qué le quería dedicar mi tiempo y mis (pocos) talentos, siempre tuve clara una cosa: quería contribuir a hacer de este mundo algo mejor. No en el sentido vanidoso de querer dejar huella, sino en el de darme a los demás, de que todo lo que hiciera cobrara un sentido último en la relación con los que me rodeaban.

Cuando llegué al Colegio Kolbe, en 4º de la ESO, atravesábamos todos una edad difícil en la que parecía que cada decisión que tomáramos sería determinante en nuestro futuro. En parte lo fue, y en parte no:
Gracias a algunos de los profesores que encontré en el camino, pude entender que el primer paso para saber qué hacer era saber quién era. Y esta diferencia esencial, que el ser es más importante que el saber, la aprendí en la relación con unos profesionales (hoy, amigos) más interesados en mi desarrollo personal que en las notas que sacara (que, por otro lado, fueron siempre buenas gracias a ellos).
También me enseñaron que para juzgar las cosas y tomar decisiones hay que partir de la realidad, y en relación con el futuro profesional había dos realidades que yo no me podía saltar: lo que me gustaba (mis inclinaciones) y lo que se me daba bien (mis talentos). Siempre he sentido una curiosidad insaciable y un interés desbocado por el mundo, por la actualidad y por entender lo que sucede. A la vez, comunicar (especialmente a través de la escritura) era algo que yo veía -y que mis profesores destacaban- que hacía naturalmente bien, así que tomé una decisión: la de ser periodista.
Gané el Premio Extraordinario de Bachillerato y entré en la universidad con una beca que me permitió empezar a trabajar desde el primer año, buscando siempre la noticia para darle a la gente información veraz. Porque sólo conociendo la realidad se puede ser realmente libre. Después de trabajar tres años en La Razón trabajé un año en el departamento de Comunicación del Colegio Kolbe, para devolver a los alumnos algo de la belleza que yo había encontrado allí. En la actualidad escribo reportajes en la revista Telva, un trabajo que me lleva a conocer destinos y personas fascinantes, además de colaborar con otros medios. Y en mi vocación periodística de hoy veo claramente la huella del Kolbe, en especial a la hora de entender la apasionante aventura que es vivir.

MI PASO POR EL KOLBE

¿Qué dicen nuestros antiguos alumnos? Ana Mula nos escribe desde Holanda.

Soy de las que cree que somos el producto de las decisiones tomadas en el pasado, y esas decisiones me han llevado a donde estoy hoy. Actualmente me encuentro trabajando en el departamento financiero de la sede europea de Nike, situada en Holanda. Llegué aquí un mes de agosto de 2016 y desde entonces aquí me encuentro. Permitidme rebobinar en el tiempo y os cuento un poco de mi.

Ana Mula_antigua alumna Kolbe

Recuerdo cuando mis padres decidieron cambiarme al Colegio Internacional Kolbe en cuarto de primaria; sentí una alegría inmensa, pues no solo me iba con mis amigos, sino que iba a estrenar un nuevo cole. Al principio no era consciente del por qué del cambio, pero conforme pasaba el tiempo me encontré muy agradecida de estar allí. Puedo decir que desde el primer día me sentí  acompañada ante cualquier dificultad, querida y valorada por cada uno de mis profesores.

Pensar en mis años en el Kolbe es caer en la cuenta de la suerte que tuve al poder establecer relaciones con los profesores más allá del contenido de los libros; de estar rodeada de gente apasionada por la enseñanza que me proponía mirar la realidad juntos, centrándose en mi persona más allá de mis límites. Gente que me animaba a entender dicha realidad como método para conocerme a mi misma.

Sin esta educación, no hubiese decidido ir a Estados Unidos a estudiar un año, ni me hubiese embarcado en la aventura de trabajar en el extranjero rodeada de suecos, polacos, italianos, americanos, franceses y croatas, por mencionar algunas nacionalidades. Sigo creciendo, tanto en lo personal como en lo profesional. Cuanto más conozco, mayor es mi deseo de seguir descubriendo y entendiendo. No sé cuáles serán mis caminos futuros pero tengo la certeza de que por ahora mi sitio esta aquí, en un país donde no hay sol ni jamón, pero que está lleno de vida.

Como decimos en Nike: “There is no finishing line!”

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