PSICOMOTRICIDAD: DE LA ACTIVIDAD AL PENSAMIENTO (I)

PSICOMOTRICIDAD: DE LA ACTIVIDAD AL PENSAMIENTO (I)

Alumno de Infantil en sala de Psicomotricidad

Alicia Alonso, especialista en Psicomotricidad y formadora de las profesoras de Infantil, y Puri Arribas, coordinadora de etapa, contestan a nuestras preguntas sobre esta disciplina. 

-Comenzamos con Alicia: Alicia, ¿qué es la psicomotricidad?
Psico tiene que ver con el cerebro, la mente, y motricidad tiene que ver con el movimiento del cuerpo, de manera que psicomotricidad es el trabajo conjunto de la mente y el cuerpo, la unidad que representa la persona.

Sabemos que el funcionamiento mental se produce mediante conexiones entre los distintos elementos del sistema nervioso; cuando pensamos, cuando planificamos, hay movimiento de informaciones de un lado a otro del sistema nervioso; nos movemos mentalmente sin necesidad de hacerlo físicamente. Así ponemos en marcha la mejor solución pensada y ahorramos energía física. Pero esa capacidad de acción mental es un reflejo de la acción exterior.

En la infancia tenemos imposibilidad para pensar lo que no hemos experimentado, por lo que los niños y niñas necesitan “hacer” mucho físicamente para sentir y dominar su cuerpo, el vehículo de esta actividad, y poder construir ese pensamiento poco a poco. Para alcanzar ese control que les proporciona bienestar, el organismo les impulsa a buscar retos de movimiento.

Esa es la razón de que no paren quietos y cada criatura sabe, porque lo siente, cuánto ha de moverse y cuándo ya tiene suficiente por el momento.
Sobre ese conjunto actúa un motor, el de las emociones, que tienen el poder de activar o alterar el movimiento exterior y el interior. Por ejemplo: la emoción del miedo y el estrés que genera, permiten pensar y correr más rápido, pero si el miedo es demasiado intenso o constante altera el movimiento (temblamos físicamente o nos bloqueamos mentalmente) o incluso lo paraliza (catatonia). Del mismo modo, la emoción de la alegría y la satisfacción personal permite que nos atrevamos a hacer cosas que nos cuestan mucho en momentos más neutros.

Las emociones son, pues, transversales a toda nuestra acción exterior e interior. Permitir y favorecer que se manifiesten en libertad a través del movimiento posibilita trabajar su autorregulación al servicio de una mejor acción y de un pleno desarrollo personal. Lo que se pretende con la intervención psicomotriz es que pueda darse el mayor y mejor desarrollo posible de esa unidad mente-cuerpo en cada niño y en cada niña.

A través del trabajo psicomotor se favorece el descubrimiento exterior e interior de la persona, de sus posibilidades, potencialidades y limitaciones, permitiendo que se adapte la acción a las mismas. Con ello se cimenta y desarrolla el mejor uso y control del cuerpo y de su coordinación, tanto para caminar, saltar o correr como para usar las manos con precisión cuando es necesario. Pero también se aprende a descargar tensiones, regulando las formas de manifestarlas, de modo que no se dañen o dañen al resto, estableciendo relaciones comunicativas emocionales cada vez más satisfactorias.

Gracias al bienestar de cuerpo y mente, se libera además la atención y la capacidad de concentración para seguir aprendiendo. Cuando cuerpo y mente están alterados en mayor o menor grado, o no suficientemente maduros para algunos aprendizajes, podemos ver desde alteraciones en la capacidad de atención y concentración hasta la imposibilidad de las mismas o distorsiones en la memoria; todo ello imprescindible para seguir aprendiendo. De ahí la importancia de la psicomotricidad.

– ¿Qué papel juega la propia iniciativa, habilidad natural y libertad de los niños en su forma de aprender todo esto?

La capacidad de aprendizaje es innata y sirve al niño para sobrevivir. A medida que aprende experimenta satisfacción. Es innata también su curiosidad y la capacidad de interesarse por las cosas y los seres, la necesidad de explorarlos, conocerlos y controlarlos, acciones con las que se siente seguro, a pesar de los posibles incidentes, por el placer que provoca su desarrollo. También es innata la tendencia a buscar a los demás porque los necesitan para sobrevivir, especialmente a sus figuras de apego. Buscar o no relaciones humanas dependerá de si obtuvieron bienestar en esas primeras relaciones.

Por otro lado, también nacemos equipados con detectores de señales que nos informan de los cambios y de las necesidades para que les demos cauce. Así, sabemos cuándo tenemos hambre o sed, cuándo y cuánto necesitamos movernos porque, por ejemplo, llevamos mucho tiempo en quietud para hacer una tarea o porque descargar con el movimiento (correr, gritar, golpear un objeto,…) nos libera de una situación de tensión emocional.

Si el niño nace con potencialidades y con instrumentos que le permiten detectar sus necesidades, también es él mismo quien mejor puede elegir cómo y con qué satisfacerlas. Y es que está igualmente demostrado que, cuando la mayoría de estas potencialidades se recorren personalmente, mediante descubrimiento y experimentación, en condiciones adecuadas que requieren del acompañamiento seguro y la organización experta adulta, los aprendizajes que por ensayo-error se adquieren son mucho más sólidos.

Cuando las condiciones creadas por las personas adultas no han sido adecuadas, o bien ha habido alguna carencia en su diseño, la intervención psicomotriz puede permitir descubrir alteraciones físicas y/o emocionales, darles seguridad, compensar y restablecer en lo posible el deseo natural infantil de ser, hacer y crecer con bienestar.

En todo este entramado tiene un papel fundamental el hecho expuesto de que las emociones modifican la acción (enfatizándola, controlándola, disminuyéndola o alterándola) y la acción modifica las emociones. Favorecemos por ello que estas se expresen simbolizadas a través del juego psicomotor, de forma autorregulada; que se descarguen y transformen cuando es preciso para poder llegar a la calma y al bienestar. Esto mejora la imagen que cada niño o niña tiene de sí, les permite estimarse y proyectarlo en relaciones exitosas con los demás. Pretendemos igualmente que las emociones satisfactorias sean el motor de acción necesario para seguir aprendiendo, como circunstancia innata en la infancia, con deseo, alegría y bienestar.

Te contamos más sobre la psicomotricidad y cómo la aplicamos en el Colegio Kolbe, la semana que viene, en nuestro blog.

 

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