SI NO YO Y AHORA, QUIÉN Y CUÁNDO


Inés Lens, alumna de Bachillerato, nos resume la conferencia de Adriano Dell’Asta.

El pasado viernes 1 de noviembre de 2017, con motivo de la celebración el pasado 7 de noviembre del centenario de la Revolución rusa, los alumnos del colegio tuvimos la oportunidad de acudir a una conferencia de Adriano Dell´Asta.

El experto y enamorado de la historia de Rusia supo transmitir y provocar en nosotros cómo los responsables de este acontecimiento no eran muy distintos a nosotros y sencillamente soñaban con un cambio, una revolución; soñaban con un mundo mejor. Era un sueño muy normal, ¿quién de nosotros no sueña con un mundo mejor?

Rusia en aquel entonces era un país en vías de desarrollo, incluso retrasado en ciertos aspectos con respecto al resto de Europa. Ante esta situación las instituciones no conseguían responder a este deseo. Ni el gobierno ni nadie sabía cómo actuar ante esta inquietud de querer construir un mundo mejor. Además, durante este periodo se hicieron especialmente evidentes los ataques terroristas, que no eran distintos de los que los europeos de hoy estamos viviendo. En este ambiente comienzan a surgir también grupos marxistas, una ideología que, frente a este vacío, se siente como en casa. Adriano llega incluso a afirmar que el marxismo es en su esencia una forma de ateísmo que para vencer debe destruir la realidad, una realidad que constantemente apela a Dios. Rusia seguía siendo cristiana, todos iban a misa, pero por inercia. La Iglesia no era capaz de hacer entender por qué esta forma de vida era mejor.  Adriano lo explica de esta forma: “la Iglesia te enseñaba a vivir el cielo, pero no la tierra”.

El deseo de revolución era entendible, era bueno y estaba justificado, sin embargo, el mundo no se puede sustituir por una idea que pretende ser mejor que la realidad misma, justificando así que la realidad se elimine.

Este fue el problema de la revolución marxista, que supuso traicionar el propio sueño de revolución, pues estaba hecha de una idea que quería negar la realidad y que no respetaba la libertad. Este nuevo mundo en paz que se construye después de la guerra civil supuso una negación y destrucción de la realidad, se convirtió en un mundo desastroso dominado por la hambruna y la muerte, un mundo donde el corazón y la libertad del hombre quedaron aplastados. La idea era más importante que la realidad, en su nombre se podía incluso hasta matar.

Sin embargo, Adriano destacaba que lo bonito e impresionante de estos acontecimientos es cómo la gente ha sido capaz de resistir. Llegó a contar hasta cuatro ejemplos de personas que habían sido capaces de resistir. Él mismo los llamaba los “sacrificios victoriosos” de Madre María, San Maximiliano Kolbe, Berdiaev o Susana, entre otras muchas personas. En este contexto – nos decía – no es necesario hacer grandes cosas,

a algunos se les pide dar la vida, como a alguno de los mencionados previamente, pero a otros se nos piden cosas sencillas como estudiar o hacer bien nuestro trabajo; es lo mismo, no existe diferencia.

Esto es lo que hace falta tener, un punto de vista que constantemente te ponga delante de la realidad que no pueda ser reducido por las ideas, un deseo de infinito que te hace saber que se podía y se puede vencer frente a cualquier ideología.

Además, Adriano terminaba con una frase provocadora que nos incita a vivir nuestra libertad en cada momento, para no dejarnos llevar por ideologías que se alejan de la realidad.“Si no yo y ahora, quién y cuándo”, esta era era la frase. Si no soy yo quien vive en primera persona, si no soy libre, quién y cuándo lo será.