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EDITORIAL

Clara Fontana, nuestra Directora Académica comparte con los lectores este editorial.

Inauguramos nuestro nuevo Blog elQuincenal online con el dolor por el difícil momento que está viviendo nuestro país. Lo hacemos con una reflexión que pretende ser una ayuda para educar en el momento presente, mirando los desafíos que nos plantea el mundo en el que vivimos y en el que están creciendo nuestros niños y jóvenes.

Esta mañana, al llegar a clase de Historia, no podíamos no mirar junto a nuestros alumnos los acontecimientos que están ocupando la atención de todos desde el pasado fin de semana. Los chicos, quien más y quien menos, han vivido en sus casas la preocupación y han visto las noticias y las imágenes que ha dejado la jornada. ¡Qué responsabilidad! ¿Cuál es, pues, nuestra tarea como maestros?

Cualquiera que se haya asomado con un mínimo de curiosidad a la Historia sabe que construir la convivencia es mucho más difícil que destruirla. Y que la mejor forma de destruirla es reducir al otro. Y lo reduzco cuando dejo de mirarle como hombre y le cuelgo un cartel, da igual cuál sea. Ese cartel le convierte de inmediato en mi enemigo, lo deshumaniza, lo cosifica, y entonces “todo vale”, entonces dejo de verle. Hay un libro fantástico que explica mejor que nadie lo que quiero decir. Se trata de Vida y destino, de Vassilij Grossman. En él, hablando de los peores momentos de los gulags soviéticos y los campos de concentración nazis, donde al hombre se le redujo a “enemigo del pueblo” o “enemigo de la nación alemana”, o…, se dice: “La historia de los hombres no es el combate del bien que trata de vencer al mal. La historia del hombre es el combate del mal tratando de aplastar el minúsculo grano de humanidad. Pero si ni siquiera ahora lo humano ha sido muerto en el hombre, entonces quiere decir que el mal no vencerá jamás”.

En estos días es importante analizar la situación, tratar de ayudar a nuestros alumnos a mirar lo que pasa, porque el diálogo con la realidad, la tensión a la verdad, es clave para crecer como personas. Por eso es bueno que conozcan los fundamentos de nuestro Estado de Derecho, el valor de nuestra Constitución y el privilegio de vivir amparados por la legitimidad democrática. Y es igualmente necesario que nos preguntemos qué nos une a los otros, porque ese es el fundamento de la polis, la búsqueda del bien común. La Historia está llena de ejemplos de cómo una ideología puede alejarnos tanto de la realidad que nos llega a separar o enfrentar al hombre o la mujer que tenemos al lado. Por eso, es necesario no aplastar “el minúsculo grano de humanidad”; es bueno que lloremos ante la violencia; es bueno que nos comprometamos en el diálogo con el otro, que siempre conlleva desplazarnos de nuestras posiciones y escuchar las razones del otro; es bueno que nos comprometamos con la paz, que podamos mirar juntos si “el otro”, aunque piense diferente, es un bien para mí. Solo así saldrán del Kolbe hombres y mujeres para el mundo, capaces de construir, de comprometerse, de dialogar.

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