Archivo Categorías : Editorial


EL BILINGÜISMO EN EL COLEGIO KOLBE

Hablamos con Clara Fontana, directora académica del Colegio Kolbe, sobre qué significa ser un colegio bilingüe. 

Nuestro Colegio tuvo claro desde el primer día que la enseñanza de los idiomas era prioritaria para nuestros alumnos, en un mundo cada vez más global e intercultural.

Años antes de que nacieran los proyectos bilingües de la Comunidad Madrid, teníamos como objetivo enseñar lo mejor posible las lenguas extranjeras, desde un planteamiento comunicativo y generando un entorno bilingüe y una necesidad “artificial” para nuestros alumnos. De ahí que los profesores de inglés y de alemán  se dirijan siempre en su idioma a los alumnos “forzando” que estos tengan que hablar en esas lenguas para poder comunicarse. Además, somos conscientes de que enseñar una lengua implica también enseñar una cultura, con la riqueza que eso implica.

Desde hace muchos años, lingüistas, psicólogos, neurólogos, pedagogos y otros profesionales vienen insistiendo en que las habilidades que un niño desarrolla estando expuesto a dos idiomas siempre superan a las de aquellos que no lo han estado. Si bien en las primeras etapas des su desarrollo esto es menos perceptible, sí se observa a medida que los alumnos crecen y se enfrentan tanto a la universidad como al mundo laboral.

Nuestro Centro Escolar pertenece al primer grupo de colegios concertados dentro del programa bilingüe de la Comunidad de Madrid. Esto supone que no sólo se enseña el idioma como asignatura de lengua, sino que integramos el segundo idioma en la vida escolar, hablándolo más allá de las aulas, así como enseñando otras materias en ese otro idioma que, en este caso, es el inglés.

En la Etapa de Infantil, los niños están expuestos a clases de inglés donde se les enseña de forma comprensiva y significativa para ellos, como apunta uno de los mejores lingüistas de nuestro tiempo, Stephen Krashen. Las profesoras integran el segundo idioma en el día a día de los niños, facilitándoles aquellas expresiones y vocabulario que les van a resultar más necesarios para comunicarse con ellas, ya que no hablan en español con los niños. Estos, motivados e ilusionados por comunicarse, hacen progresos en su expresión oral, de forma natural y sin que ello suponga ningún trauma.

Esta misma forma de enseñar continúa progresivamente en la Etapa de Primaria. Siempre desde el empeño por provocar un aprendizaje significativo, creamos un ambiente en el que el inglés es tan protagonista que los niños sienten la necesidad y la ilusión de utilizarlo. El éxito de esta metodología se ve cuando vemos a nuestros alumnos salir del aula sin profesor a hacer algún recado y van hablando en inglés entre ellos con total normalidad. Es en esta etapa donde comienzan a preparar musicales en inglés y se dan las bases del idioma alemán, obligatorio en 5º y 6º curso.

Secundaria es el momento más crítico debido al momento evolutivo del alumno. Por ello, desde la asignatura de inglés y aquellas donde se utiliza el inglés como lengua vehicular, adaptamos los temarios creando proyectos y actividades que les motiven lo suficiente como para que sigan aprendiendo e, incluso, adquiriendo un segundo idioma.  Entre las actividades que les proponemos están el teatro, el recitado de poemas, las presentaciones orales de distintos temas de actualidad e históricos, lecturas…esto se complementa desde el resto de asignaturas,  en las que, a partir de esta etapa, se puede facilitar documentación en inglés.

En las etapas de Primaria y Secundaria la mayoría de nuestros alumnos (en torno a un 95%) se presentan a las pruebas externas de la Comunidad de Madrid, adquiriendo los títulos correspondientes de Cambridge: desde el KET hasta el Advanced, según el nivel de cada alumno.

En Bachillerato, adquiridos ya los objetivos lingüísticos, llega el momento de ponerlos en juego, realizando debates, ensayos, vídeos, trabajos y otras formas de expresión que les permitan disfrutar de todo lo aprendido y seguir mejorando. Un claro ejemplo de esto lo tenéis explicado por los mismos alumnos en varios artículos publicados en nuestra página web, que os invito a leer.

Todo esto se realiza con un gran equipo docente, utilizando diversas metodologías, adaptándonos a las necesidades de cada grupo y de cada alumno: aprendizaje cooperativo, inteligencias múltiples, competencias, rincones (en Infantil y primer ciclo de Primaria) y siempre siguiendo el proyecto educativo del Centro. Cabe destacar que todo el equipo recibe formación constante en bilingüismo, favoreciendo la asistencia a Congresos, cursos y facilitando la formación necesaria para estar al día en las últimas noticias relacionadas con educación y la enseñanza de idiomas.

Por otro lado, el departamento de idiomas cuenta con la ayuda constante de los Auxiliares de Conversación que participan en nuestras aulas y permiten que nuestros alumnos tengan siempre presente y visible que este colegio cuenta con el inglés como un idioma importante dentro del día a día.

Ahora podemos decir con satisfacción, después de varios años de Colegio, que tenemos gran número de alumnos que han cursado o cursan grados bilingües, han tenido experiencias de estancias largas en Universidades extranjeras (alemanas y anglosajonas) durante sus años de estudios universitarios e, incluso, han encontrado trabajo en Alemania, Inglaterra, Irlanda y Estados Unidos.

A continuación mostramos un vídeo de uno de los musicales en inglés que han tenido lugar en nuestro Colegio.


EDITORIAL FEBRERO

Pocas veces he leído algo tan precioso y verdadero sobre la tarea del maestro como unos párrafos de la filósofa española María Zambrano en Filosofía y Educación.

Son palabras que podemos entender si tenemos en la memoria a esos maestros que nos han marcado a cada uno y que son el ideal que perseguimos quienes nos dedicamos a esta bendita profesión. Vamos con el primero:

“Podría medirse quizá la autenticidad de un maestro por ese instante de silencio que precede a su palabra, por ese tenerse presente, por esa presentación de su persona antes de comenzar a darla en modo activo. Y aun por el imperceptible temblor que le sacude. Sin ello, el maestro no llega a serlo por grande que sea su ciencia. Pues que ello anuncia el sacrificio, la entrega.”

Ese tenerse presente o entregarse a uno mismo diferencia radicalmente el día que entras en clase de forma rutinaria, con toda “tu ciencia” pero ausente de ti mismo. Esta posición de entregarse marca toda la diferencia:

“Y todo depende de lo que suceda en este instante que abre la clase cada día. De que en este enfrentarse de maestro y alumnos no se produzca la dimisión de ninguna de las partes.”

Hace falta que alumno y profesor estén presentes en lo que hacen, no dimitan, y el maestro debe estar atento cada día para ir en primera persona.

“Pues que una lección ha de darse en estado naciente. Se trata, en la transmisión oral del conocimiento, de un doble despertar, de una confluencia del saber y del no-saber-todavía. Y esto doblemente, pues que la pregunta del discípulo, esa que lleva grabada en su frente, se ha de manifestar y hacerse clara a él mismo. Pues el alumno comienza a serlo cuando se le revela la pregunta que lleva dentro agazapada. La pregunta que, al ser formulada, es el inicio del despertar de la madurez, la expresión misma de la libertad. (…)

No tener maestro es no tener a quien preguntar y más hondamente todavía, no tener ante quien preguntarse. Quedar encerrado dentro del laberinto primario que es la mente de todo hombre originariamente; quedar encerrado como el Minotauro, desbordante de ímpetu sin salida. (…)

Toda vida está en principio aprisionada, enredada en su propio ímpetu. Y el maestro ha de ser quien abra la posibilidad, la realidad de otro modo de vida, de la de verdad.

¡Qué maravilla de texto! Nuestra tarea es ayudar a que salga la pregunta que el alumno “lleva dentro agazapada”, “grabada en la frente”. No hay madurez ni ejercicio de la libertad sin hacer consciente la pregunta. ¡Cuántas sugerencias de método surgen de aquí! La pregunta despierta cuando tenemos delante maestros ante los que preguntarnos, que, por tanto, están ciertos de algunas cosas. Porque nadie pregunta si intuye que no hay respuesta.

Se empieza a salir del “laberinto” cuando estamos ante personas que no se esconden, que nos ofrecen hipótesis de respuesta, que confían en nosotros para verificarlas, que nos animan a preguntarnos y a responder porque confían en que existe un sentido, razones para vivir. Y entonces:

“La inicial resistencia del que irrumpe en las aulas se torna atención. La pregunta comienza a desplegarse. La ignorancia despierta es ya inteligencia en acto. Y el maestro ha dejado de sentir el vértigo de la distancia y ese desierto de la cátedra, como todos, pródigo de tentaciones. Ignorancia y saber circulan y se despiertan igualmente por parte del maestro y del alumno, que sólo entonces comienza a ser discípulo. Nace el diálogo”.

Todos los que hemos enseñado sabemos que entrar en un aula produce vértigo, porque no controlamos qué va a suceder ese día, porque ignoras cuál será la respuesta de tus alumnos, si ese día acudirán a tu llamada, a tu propuesta, o no. Se llama el “riesgo de educar”. Pero también sabemos cuál es la belleza del verdadero diálogo, la que nace cuando el otro está, cuando acude a tu llamada, cuando “entra” decimos coloquialmente entre nosotros. Entonces te pones a escuchar al otro, otra voz original que no eres tú. Hay pocas cosas tan preciosas como ver a un alumno preguntarse, salir de su laberinto y empezar a buscar por sí mismo, buscando tu mano y tu mirada cuando surge la duda o la debilidad.

Esta forma de estar, sin retraerse, entregándonos cada día, siendo conscientes de lo que está en juego es la que queremos cuidar en el Colegio. Crecer enseñando, enseñar creciendo, proponiendo siempre, incansablemente, retomando el camino cada vez, para ver el milagro del diálogo y del despertar de la persona.


EDITORIAL ENERO

Si tuviera que describir en una palabra lo que más caracteriza la forma de trabajo del personal docente elegiría esta: cohesión. Dice la R.A.E. que cohesión es “el efecto de adherirse las cosas”. Estar pegados, en resumen, que, en nuestro caso, no es por asimilación acrítica con lo que hace quien tenemos cerca, sino por una tendencia permanente a un criterio común que amplifica nuestra mirada y nos hace mayores de lo que somos.

La cohesión didáctica implica compartir, lo que en la jerga escolar se llama coordinación. Esta coordinación en muchos colegios e institutos se reduce a una toma de acuerdos o un reparto de tareas, lo cual no es poco.

Nosotros llevamos a cabo algo más, compartimos y discutimos objetivos educativos, criterios didácticos y, ¿cómo no?, criterios de evaluación. Este trabajo no va en menoscabo de la libertad de cada uno (la famosa “libertad de cátedra”), sino que la exalta, pues pone en el punto de mira constantemente la mejora de nuestra práctica docente de una forma comunitaria. Además, nos ayuda a identificarnos con las razones del otro por lo que la toma de decisiones se hace en común, con una intención de verificar la eficacia e idoneidad de las mismas.

La cohesión de todo nuestro equipo docente implica, necesariamente, un tiempo de coordinación a distintos niveles.

En el plano vertical, de abajo a arriba, es muy importante plantearse cómo secuenciar de forma adecuada la enseñanza de las grandes áreas (lengua, matemáticas, inglés), además de dar una continuidad a la metodología y los objetivos educativos desde Infantil hasta Bachillerato. Para ello, los que llamamos “departamentos didácticos” (Humanidades y Ciencias Sociales, Ciencias y Matemáticas y Lenguas Extranjeras), compuestos por los profesores de cada ámbito, se reúnen semanalmente en Secundaria y quincenalmente en Primaria. Un ejemplo de este trabajo es el de la evaluación de los alumnos, uno de los parámetros de calidad educativa que se miden a la hora de certificar un centro educativo y que nos permite ser objetivos y medir la calidad de nuestro trabajo. En la práctica, un equipo cohesionado, compuesto por profesores de la misma materia, debería ser capaz de corregir de la misma forma un mismo examen, y asignar la misma puntuación, décimas arriba o abajo. Nosotros lo hacemos para autoevaluar nuestra coherencia y revisar nuestros criterios si  detectamos divergencias. Ello no es obstáculo para que a la hora de evaluar se mire la realidad de cada niño, pues lo que en uno es un enorme progreso, en otro es un paso pequeño. A esto también nos acompañamos, con la inestimable ayuda del Departamento de Orientación.

Además, los profesores y coordinadores de Infantil, Primaria y Secundaria tienen reuniones periódicas en común donde abordan la transición de una etapa a otra en lo que respecta a la metodología y otros aspectos más transversales: método de estudio, expresión oral y escrita, fomento de la lectura, etc…

El espíritu de esta coordinación es comunicarnos por qué hacemos las cosas

y tomar decisiones comunes basadas siempre en criterios fundamentales.

De forma horizontal, todos los profesores participan cada semana en reuniones de etapa – y de ciclo en el caso de Primaria – donde atendemos a la realidad de cada momento evolutivo, aterrizando en qué contenidos concretos queremos enseñar y cómo lo hacemos, además de evaluarse a cada niño de forma colegiada. Esta práctica de las “juntas de evaluación”, exigida por ley, es la más adecuada porque implica una mirada global al alumno que es imprescindible. No se mide su rendimiento académico por materias de forma aislada, sino que se ponen sobre la mesa aspectos que nos hacen valorar su rendimiento en su conjunto, compartiendo información que puede afectar a todas las áreas de distinta forma y ajustándonos a la realidad concreta de cada niño. Por otra parte, en estas reuniones horizontales se programan objetivos comunes, se plantean aspectos formativos del profesorado, se presentan novedades en cuanto al material didáctico de apoyo, se planifican eventos y se comparten experiencias didácticas y educativas significativas.

Por último, de forma trimestral, tienen lugar las Comisiones de Coordinación Pedagógica (C.C.P.), un diálogo abierto entre todos los representantes de etapa donde se tratan aspectos relativos a las líneas maestras del Colegio. No se trata de una reunión de tipo práctico, sino de una revisión de los aspectos que nos hacen quienes somos: nuestros valores, proyectos, planteamiento educativo de fondo, siempre ante la realidad que nos está tocando vivir. Estas reuniones hacen que nuestro proyecto educativo esté vivo y se actualice cada vez. Cada tres o cuatro años, además, y como colofón de este trabajo, nos reunimos en un Congreso de Educación para reflexionar sobre lo que aportamos como Colegio dentro del panorama educativo actual. Este trabajo “hacia fuera” lo llevamos a cabo en grupos más reducidos con profesores de otros colegios que comparten nuestro planteamiento educativo. En el próximo, que se ha convocado para el mes de abril, por ejemplo, haremos una revisión de fondo sobre el tema de la transmisión de la cultura en España y pondremos en común experiencias de educación de la razón y educación en la experiencia.


EDITORIAL NAVIDAD | STEFANO MOTTA

El capellán del Colegio Kolbe, Stefano Motta, nos escribe sobre el sentido de la Navidad

Verdaderamente vivimos en una época extraña.  Personas muy inteligentes y cultas describen aspectos de nuestra época con algunos términos muy potentes: “sociedad líquida”,  “hombre light”, “narcisismo”, “relativismo”.

No sé comprender hasta el fondo todos estos términos: a lo mejor hacen falta años de estudios de filosofía, de sociología y no sé qué más.  Pero algo sí se entiende, sobre todo si contrastamos estas expresiones tan plásticas con lo que vemos a diario: nuestra época tiene una herida. O, mejor dicho, el hombre de nuestra época, en nuestro contexto cultural y social, está herido.

Esta herida se oculta detrás de nuestra autosuficiencia, de nuestra presunta capacidad de arreglarnos la vida, de hacer consistir nuestro valor en lo que podemos hacer y realizar.

Pero la mayoría de las personas con que tengo trato – y yo – es muy frágil, a menudo incapaz de fidelidad, víctima de sus antojos, esclava de su instintividad. Y tiene sed. Tiene una necesidad muy grande de verdad, de amor, de certezas, de estabilidad.

Lo que celebramos en Navidad desafía de manera casi descarada esta fragilidad contemporánea: Dios se hace niño.

Un bebé nace. Es difícil pensar en algo más objetivo, algo que impulse con tanta fuerza a cada hombre a salir de si como para acudir a un pequeño ser que llora, que tiene hambre, que necesita nuestro amor, nuestro afecto. Tan pequeño e indefenso que depende totalmente de nuestra respuesta a su presencia necesitada.

Una madre puede permitirse ser narcisista (o relativista, o light, o líquida, si queremos) solo a ratos. Si su niño llora o tiene hambre, tiene que levantarse y darle el pecho. Punto. No existen interpretaciones ni atajos: si no lo hace el niño muere. Y este niño está. No depende de mi deseo. Existe. Noche tras noche hace falta cuidarlo, año tras año.

Dijo Chesterton que en el Nacimiento hay «algo que, aun a los más endurecidos corazones, traiciona con una irresistible atracción hacia el bien … Algo que es todo lo que hay en nosotros de ternura eterna. Algo que es la palabra rota y la razón perdida, que se concretan y se hacen positivas. Algo por lo que los reyes exóticos llegaron de un país lejano y por lo que los pastores dejaron sus correrías por la montaña, y por lo que la noche y la caverna imperaron solas, recibiendo algo que era más humano que la Humanidad misma.[1]». Algo tan bello que nos distrae de nosotros mismos para atraernos hacia un punto de luz que está fuera, que es otro.

En Navidad podemos contemplar algo increíble: toda la sed de verdad, de certeza, de estabilidad, de felicidad que marcan tan dolorosamente a cada hombre encuentran su respuesta concreta y objetiva en el Dios que se pone a nuestro lado. El Señor del mundo, del cosmos y de la historia no soy yo: es uno que llora porque tiene hambre, ríe por una caricia. No coincide con mi persona, con mis pensamientos: me obliga, de alguna forma, a olvidarme de mí para que pueda volver a encontrarme plenamente.

Aunque cueste mucho admitirlo – a lo mejor no teóricamente, sino prácticamente – nuestra salvación está fuera de nosotros. Convencerse de que yo, solo, puedo construir mi felicidad, puedo realizar el éxito de mi vida y vivir consecuentemente es una utopía maligna que lleva a someterse a una cantidad impresionante de ilusiones, y que fácilmente se convierten en ídolos: el dinero, la salud, la posición social, el trabajo, los amigos, la familia, la nación… todas cosas óptimas, aunque, en sí, demasiado pequeñas para que puedan edificar enteramente mi felicidad.

“Mirad cuántos señores tienen los que no quieren reconocer al único Señor”, dijo san Ambrosio de Milán; en Navidad es más fácil reconocer al único Señor porque se hace pequeño, muy identificable. No tiene el tamaño monstruoso de nuestro ego, sino el diminuto tamaño del niño de Belén.

Para verlo hace falta un pequeño paso fuera de nosotros mismos, y empezar a dejarnos imantar por su ternura.

[1] G.K. Chesterton, El hombre eterno, LEA, Bs. As., 1987, pp. 201-221


EDITORIAL NOVIEMBRE

Clara Fontana, Directora Académica del Colegio, reflexiona sobre cómo educar hoy.

El pasado viernes 20 de octubre tuvo lugar en el colegio un encuentro con Franco Nembrini, nuestro gran amigo. Volvió a ser un soplo de aire fresco, que nos hizo salir de nuevo con energías renovadas, con ganas de volver a empezar las veces que sea necesario. Solo por esto ya merecía la pena ir.

Pero, además, quería compartir con vosotros lo que está siendo objeto de reflexión entre nosotros en los últimos tiempos y que le preguntamos a Franco el otro día. Os recomiendo ver su intervención para ahondar en ello. Al comienzo de curso nos preguntábamos cuáles son los rasgos que definen la sociedad en la que vivimos y uno de los que detectamos como más llamativos es la pérdida de certeza respecto a la realidad. Nuestros jóvenes (y nosotros, no nos engañemos) viven en un mundo cada vez más virtual, cada vez más rápido e inconsistente, algunos hablan de una sociedad “líquida”. Y quizás sea oportuno preguntarnos si nosotros participamos también de ese alejamiento de la realidad.

Vivimos muchas cosas, muy deprisa, pero tenemos déficit de experiencia porque nada nos toca, nada deja huella, enseguida pasamos página y vamos a lo siguiente. Vivimos instalados en el cambio, en la opinión inconsistente, en la auto-referencialidad. Tal vez todo lo que estamos viviendo estos días en nuestro país con respecto a Cataluña pueda ser paradigmático para entender lo que digo.

En cuanto a nuestros hijos, lo podemos ver en cómo tratamos de evitarles sufrimientos o dificultades; en cómo nos duelen sus errores, como si fueran un juicio sobre nuestro ser padres o una mancha imborrable en sus vidas, en vez de ser una ocasión para el perdón y para dar un paso; en cómo tantas veces en la adolescencia desaparece el diálogo y la comunicación y no dejamos espacio a las preguntas, esas benditas preguntas que todos tenemos y que nos guían tantas veces a buscar la verdad, tan denostada por el relativismo reinante.

El resultado es que de la realidad solo nos llegan impresiones, pero no evidencias. ¿Cómo educar en la experiencia, en la relación con la realidad, también cuando ésta duele o no es como pensábamos?

Banner Franco Nembrini

Solo podemos educar en esta apertura a la realidad si, como dice Franco en su intervención, tenemos una percepción positiva de la realidad y de nosotros mismos. Es decir, si partimos de una hipótesis positiva, de la existencia de un significado, aunque este sea tantas veces misterioso e incomprensible. Sin esta percepción positiva de la vida, vivimos tratando de defendernos de ella – por cierto, inútilmente, porque la vida siempre nos hiere – y eso es lo que les enseñamos a nuestros hijos. Sin buscar un sentido se bloquea el diálogo apasionante con las cosas que se llama conocimiento y experiencia. Pegarnos a los hechos y no a nuestras ideas es un ejercicio que todos podemos y debemos hacer para que no prevalezca nuestra idea o nuestra impresión de las cosas frente a las cosas mismas. Y, por otra parte, si nuestros hijos no perciben en nuestra mirada su valor, independiente de cómo estén ellos en este momento, no tendrán una percepción positiva de sí mismos y crecerán en la inseguridad, siempre con la sensación de no estar a la altura de nuestras expectativas.

 


EDITORIAL

Clara Fontana, nuestra Directora Académica comparte con los lectores este editorial.

Inauguramos nuestro nuevo Blog elQuincenal online con el dolor por el difícil momento que está viviendo nuestro país. Lo hacemos con una reflexión que pretende ser una ayuda para educar en el momento presente, mirando los desafíos que nos plantea el mundo en el que vivimos y en el que están creciendo nuestros niños y jóvenes.

Esta mañana, al llegar a clase de Historia, no podíamos no mirar junto a nuestros alumnos los acontecimientos que están ocupando la atención de todos desde el pasado fin de semana. Los chicos, quien más y quien menos, han vivido en sus casas la preocupación y han visto las noticias y las imágenes que ha dejado la jornada. ¡Qué responsabilidad! ¿Cuál es, pues, nuestra tarea como maestros?

Cualquiera que se haya asomado con un mínimo de curiosidad a la Historia sabe que construir la convivencia es mucho más difícil que destruirla. Y que la mejor forma de destruirla es reducir al otro. Y lo reduzco cuando dejo de mirarle como hombre y le cuelgo un cartel, da igual cuál sea. Ese cartel le convierte de inmediato en mi enemigo, lo deshumaniza, lo cosifica, y entonces “todo vale”, entonces dejo de verle. Hay un libro fantástico que explica mejor que nadie lo que quiero decir. Se trata de Vida y destino, de Vassilij Grossman. En él, hablando de los peores momentos de los gulags soviéticos y los campos de concentración nazis, donde al hombre se le redujo a “enemigo del pueblo” o “enemigo de la nación alemana”, o…, se dice: “La historia de los hombres no es el combate del bien que trata de vencer al mal. La historia del hombre es el combate del mal tratando de aplastar el minúsculo grano de humanidad. Pero si ni siquiera ahora lo humano ha sido muerto en el hombre, entonces quiere decir que el mal no vencerá jamás”.

En estos días es importante analizar la situación, tratar de ayudar a nuestros alumnos a mirar lo que pasa, porque el diálogo con la realidad, la tensión a la verdad, es clave para crecer como personas. Por eso es bueno que conozcan los fundamentos de nuestro Estado de Derecho, el valor de nuestra Constitución y el privilegio de vivir amparados por la legitimidad democrática. Y es igualmente necesario que nos preguntemos qué nos une a los otros, porque ese es el fundamento de la polis, la búsqueda del bien común. La Historia está llena de ejemplos de cómo una ideología puede alejarnos tanto de la realidad que nos llega a separar o enfrentar al hombre o la mujer que tenemos al lado. Por eso, es necesario no aplastar “el minúsculo grano de humanidad”; es bueno que lloremos ante la violencia; es bueno que nos comprometamos en el diálogo con el otro, que siempre conlleva desplazarnos de nuestras posiciones y escuchar las razones del otro; es bueno que nos comprometamos con la paz, que podamos mirar juntos si “el otro”, aunque piense diferente, es un bien para mí. Solo así saldrán del Kolbe hombres y mujeres para el mundo, capaces de construir, de comprometerse, de dialogar.

chico-joven-estudiando