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LA LLAVE QUE ABRE TODO

Clara Fontana nos propone una imagen como síntesis de la exigencia educativa actual.

Queridas familias:

Bienvenidos al nuevo curso escolar, que comienza de nuevo lleno de ilusión y proyectos.

Una de las cosas que intentamos enseñar a nuestros alumnos es a mirar y observar con atención, así que ahora os propongo también a vosotros – como hice con los profesores el primer día – este ejercicio.

Mirad atentamente esta imagen. Se trata del cartel promocional de la feria de cómics y vídeo juegos que se celebró en 2014 en la ciudad italiana de Lucca. Su autor es Gabriele del´Otto. Nuestro amigo Franco Nembrini, vio precisamente en este cartel la síntesis de lo que es la educación, y quiero compartirlo con vosotros. Miradlo bien.

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Si os habéis fijado con atención:

  • Aparece en el fondo el plano de una ciudad medieval, Lucca, con sus murallas y calles, que se nos muestra como petrificada e insertada en una serie de engranajes y mecanismos que no están funcionando. Esto representa, por tanto, la realidad, no genéricamente sino mi realidad, mi trabajo, mi pueblo, mis circunstancias concretas. Sin embargo, aparecen solidificadas, obtusas, sin vida, como nos sucede tantas veces cuando nos quedamos solo en la apariencia de las cosas.
  • En medio de esta piedra muerta, aparece un foco de luz, representado por una pequeña cerradura iluminada que permite intuir algo luminoso detrás. Parece que el artista nos quiere decir que hay algo que puede dar vida a todo. Basta con tener el valor de abrir esa puerta, de superar la apariencia muerta y petrificada de la realidad, para dirigirnos a esa fuente de luz.
  • Pero, ¿quién puede acceder a esa luz, a ese misterio que es la clave de todo y que da vida y sentido a todo, que parece poner en marcha el mecanismo de lo real? Solo un niño, solo aquellos con mirada y corazón de niño, sencillos, que conservan el asombro ante las cosas y el deseo irrefrenable de conocer qué hay detrás de cada circunstancia, cuál es la verdad que indica esa cerradura. Fijaos en esa cara del niño, un poco traviesa, como quien ha descubierto un secreto. Está seguro y contento de dar el gran paso, porque ha descubierto que tiene la llave en la mano, su llave. Y, agradecido, se gira hacia quien le ha entregado ese tesoro, sus padres, sus maestros, que desaparecen para dejar el protagonismo al joven y su relación única con la realidad.

Esta es la exigencia educativa más urgente  en el momento que vivimos: ayudarnos entre nosotros y ayudar a nuestros niños y jóvenes a buscar la verdad, a adentrarse en la realidad con su corazón en la mano sin miedo, con esperanza, entregarles esa llave que abre todo, o mejor dicho, ayudarles a ser conscientes de que poseen esa llave y a tener el valor de pasar esa puerta. Sólo si existe esa luz que asoma por la cerradura, si existe esa cerradura (el significado de todo) y si existe la llave (el corazón, razón y afecto) es posible la educación.

Precisamente porque estamos convencidos de todo ello, os deseamos a todos un buen curso y queremos proponeros a quienes lo deseéis comenzar con una eucaristía el viernes 5 de octubre. A ella asistirá el obispo de nuestra diócesis, don Ginés, y tendrá lugar en la parroquia de San Carlos Borromeo a las 19:30. Nos encantará saludaros ese día y, si no, en las próximas citas que tendrán lugar este curso.

Un saludo muy cordial.

 

Clara Fontana.


EDITORIAL JUNIO

Clara Fontana nos habla de lo que ha supuesto la 11ª promoción del Colegio, que se graduó el pasado viernes. Son los primeros alumnos 100% Kolbe.

El pasado viernes 8 de junio despedíamos a la 11ª promoción del Colegio, la primera 100% Kolbe. Muchos de estos maravillosos jóvenes empezaron hace 15 años su travesía por el Kolbe cuando eran los primeros ratones del Colegio, con Chus y Puri como tutoras.

Cada año llega este momento, envuelto en medio del maremágnum del final de curso, y aunque estemos inmersos en los líos y preocupaciones propios de este periodo del año, lo que me invade es un agradecimiento enorme. El agradecimiento nace de verles a ellos, a cada uno de nuestros alumnos. Son, sin duda, lo mejor de nuestro trabajo, su fruto maduro y visible. Y verles me llena de esperanza, algo sin lo cual es imposible vivir. La finalidad de nuestro trabajo adquiere un enorme sentido en este día en el que mandamos a estos hombres y mujeres al mundo.

El agradecimiento se dirige a muchas personas que han contribuido a hacer de estos jóvenes lo que son hoy. Ante todo, a sus padres, a los que les agradecemos de todo corazón que nos hayan confiado todos estos años lo mejor que tienen, sus hijos; al equipo directivo del Colegio, cuya labor – muchas veces oculta – ha sido mucho más esencial en su formación de lo que imaginan; a todos y cada uno de sus profesores, con especial mención a sus tutores: gracias por tantos desvelos.

Es innegable que cada promoción tiene sus batallas y la que ahora termina ha dado guerra, pero es también muy cierto que nos hemos divertido mucho enseñándoles. Han sido grandes discutidores y protestones, lo cual a veces es agotador, pero también divertido; también han sido muy alegres; y todavía no sabemos cómo lo hacían algunos para comunicarse estando cada uno en un extremo de la clase, pero ¡lo hacían!.  Además de ese carácter protestón – signo de un corazón grande, lleno de exigencias, sobre todo de justicia -, ellos han aprendido a fiarse, han confiado en nosotros y han seguido nuestras propuestas.

El que es sencillo percibe enseguida cuándo alguien le estima, aunque eso pase por tener que tragar a veces un jarabe amargo. El que es sencillo se fía cuando ve que quien tiene delante es de fiar. Y en ese camino de sencillez han crecido – no sin luchas y rebeldías – dejándose hacer, siguiendo lo que se les proponía y hoy podemos decir con orgullo que se han convertido en hombres y mujeres hechos y derechos. Y esto lo decimos muy conscientemente, porque han sabido afrontar este último año tan duro, algunos llevando mucho lastre a sus espaldas (el sufrimiento en sus familias; el agobio y la ansiedad, tan difíciles de controlar a veces; la frustración por el esfuerzo no recompensado como esperaban y seguramente como merece; las dificultades en las relaciones; …).

Como decía el lema de su clase, que les ha presidido todo el año: “Ningún mar en calma hizo experto a un marinero”.

Para terminar, quiero compartir las palabras de una persona que he descubierto recientemente leyendo un libro, Requiem por Nagasaki. Se llama Takashi Nagai  y fue un médico japonés que vivió solo 43 años, murió en 1951 y que vivió una vida intensa y apasionante, no exenta de dolor y dificultades. El era un gran amante de la poesía haiku, un tipo de poema del Japón muy corto, que evoca en pocas palabras el asombro y la emoción ante la naturaleza. Pero sobre todo fue un gran buscador, un hombre siempre atento a su corazón, y eso le llevó por caminos totalmente inesperados. Él decía lo siguiente:

Hay gente que escribe poesía haiku para ganarse la vida. ¿Sabes lo que pienso? Deberíamos hacer que nuestras vidas fueran poesías haiku. Ya trabajes duro en una fábrica ruidosa, bregues en un barco de pesca o luches por sobrevivir en una tienda deslucida. Hay gente que ha escrito poemas haiku inspirada en situaciones tan prosaicas como esas. Y nosotros, si de verdad queremos, podemos convertir cualquier tarea, las 24 horas de cada día, en un poema. Desde luego, primero tenemos que tener un alma que sea seria y luminosa al mismo tiempo. Tenemos que ver más allá de la superficie de las cosas, buscar la belleza escondida de todo y descubrir las cosas gloriosas que nos rodean. Así cada día se hace un poema haiku.”

“Hay gente que hace su trabajo porque tiene que hacerlo. Hacen la tarea, pero, en cuanto a libertad y alegría se refiere, pagan un precio. Los niños, por otra parte, juegan sus juegos con todo su ser porque conocen la libertad y la alegría. ¿Y no nos dijo alguien que teníamos que hacernos como niños?

Pues este es mi mayor deseo hoy para quienes han recorrido el camino con nosotros: que se mantengan con la alegría y la sencillez de los niños. Ojalá donde vayan, hagan lo que hagan, sean gente que pone todo su corazón en lo que hace, como hacen los niños, y su vida se vaya convirtiendo en un poema haiku.

Creo que hablo en nombre de todos los profesores: os llevaremos siempre en el corazón, con vuestra sencillez y alegría de adolescentes, esperando encontrarlas cuando volváis, envuelta en la madurez de los jóvenes – que ya sois – y de los adultos que seréis.


EDITORIAL MAYO

Clara Fontana nos habla del coloquio con el protagonista de la película “Dos Coronas” 

El pasado día 7 de mayo tuvimos la suerte de participar en un coloquio organizado con motivo del estreno de la película “Dos Coronas”, que trata sobre la figura del padre Maximiliano Kolbe, patrón de nuestro colegio y fundador de la Milicia de la Inmaculada.

Este encuentro nos ha permitido profundizar en la figura del Padre Kolbe, a quien elegimos como patrón del Colegio por su fuerte compromiso con la realidad y por la libertad con que vivió, pero además, nos ha supuesto también una ocasión única para profundizar en el contexto histórico de la época de los totalitarismos, que estamos estudiando en 4º de Secundaria y 1º de Bachillerato. Para alumnos y profesores de Historia, escuchar a Jesús Maguregui y Jose María Alejos, invitados al acto, ha sido una oportunidad de mirar esta época de la mano de sus protagonistas.

Ha sido especialmente importante la participación de los alumnos, quienes además de presentar y moderar el acto, interpretaron la canción popular irlandesa “Fields of Athenry”, un canto tradicional a la libertad que tiene mucho que ver con la vida y muerte del Padre Kolbe.

Jesús Maguregui, a quien habíamos tenido ocasión de escuchar en el Colegio durante el encuentro con Janina Rekłajtis, superviviente de Auschwitz, nos habló en esta ocasión del barracón número 11, donde se cometieron las mayores atrocidades y donde se encontraba la celda de castigo donde murió el Padre Kolbe.

Jose María Alejos introdujo la figura de Etty Hillesum, coetánea de Kolbe e hija de familia judía, que ingresó voluntariamente en un campo de concentración porque, de alguna manera, se sintió llamada a compartir el sufrimiento de la gente y su visión de la vida positiva y llena de esperanza. Murió víctima del genocidio nazi en el campo de Auschwitz.

Jesús Maguregui y Jose Mª Alejos

Tras ellos, pudimos escuchar el testimonio de Adam Woronowicz, actor que representa a Kolbe en la película “Dos Coronas”, quien afirmó estar conmovido tras su papel en la película, como puede leerse en esta entrevista 

De toda su intervención, me quedo con lo que nos dijo al final sobre que teníamos la suerte de tener al Padre Kolbe como “alguien a quien rezar y pedir lo que nuestro corazón desea”. El Colegio estará siempre agradecido a Adam por traernos una reliquia del Padre Kolbe que muy pronto tendremos ocasión de venerar en nuestra capilla.

Encuentro con Adam Woronowicz

Al acto asistieron también Fray Alejandro Aldavero y Fray Juan Colmenzana, franciscanos conventuales, la orden de la que formaba parte San Maximiliano Kolbe, que nos aconsejaron también encomendarnos a él. La comida posterior transcurrió en un ambiente de total fraternidad.

Finalmente, me gustaría recomendaros que os acerquéis un poco más a Kolbe yendo a ver la película. Os encontraréis a un hombre emprendedor, innovador y lleno de energía, que vivió intensamente y sin cuya vida no es posible entender su muerte.


EDITORIAL ABRIL

Clara Fontana nos habla de la participación del Colegio en el Congreso “Una escuela abierta al mundo. Experiencia y razón en el aula”

El fin de semana del 13 y 14 de abril, unos cuarenta profesores del Colegio participaron en el Congreso organizado por la plataforma educativa Be Education y promovido por un grupo de colegios, entre los que se encuentra el nuestro. El título del mismo era “Una escuela abierta al mundo. Experiencia y razón en el aula”. La amistad entre equipos directivos y profesores de estas escuelas fue el origen de este encuentro, en el que diferentes ponentes nos ayudaron a reflexionar sobre nuestra tarea.
Además, algunos de nuestros profesores llevaron a cabo talleres sobre diferentes propuestas didácticas que fueron todo un éxito y despertaron gran interés. En concreto, “Coordinación Infantil-Primaria: una experiencia de encuentro”, a cargo de Puri Arribas, Mª Jesús Moñino, Pía Andreo, María Salto y Olga Ballestín y “De la experiencia al modelo”, un taller de Ciencias orientado a la etapa de Secundaria, que tuvo como ponente a Macarena García, con el apoyo de Javier Spínola. 

Es difícil resumir todo lo que se dijo pero intento compartir con vosotros las cuestiones más interesantes y sugerentes.

En cuanto a la concepción educativa, ha sido especialmente interesante todo lo que ha girado en torno a la palabra experiencia, que ya puso encima de la mesa el primer día Giancarlo Cesana. Para que el alumno aprenda debe hacer una experiencia y ésta va ligada no solo a “probar” o “experimentar” algo, sino a juzgarlo, a valorarlo. Solo así la experiencia se transforma en cultura, en conocimiento.

Gregorio Luri nos hacía reflexionar sobre los elementos que debe tener una verdadera experiencia educativa:

  • no debe ser neutral (contaba cómo hay competencias como la capacidad de superación o la perseverancia que son tan importantes para ser ladrón como para ser médico)
  • debe posibilitar que se integre lo aprendido en un concepto, en un vocabulario nuevo (hablaba de “empalabrar el mundo”)
  • debe tener claro el tipo de persona que quiere educar. En este último punto surgía la importancia de educar las habilidades no cognitivas, entre las que Luri destacó la voluntad y la atención. Fue interesantísimo su apunte sobre la sobrevaloración del interés frente a la voluntad en la concepción educativa moderna (definía la voluntad como “la fuerza de ánimo que te permite ponerte a trabajar en ausencia de interés”). También nos encantaron sus sugerencias sobre lo que ayuda a educar la atención: la lectura lenta, la formación musical y las matemáticas.

 

Una cuestión que surgió en diversas ponencias fue la importancia de los maestros. Se dijo que la principal responsabilidad de un colegio es cuidar la humanidad de los profesores y la compañía entre ellos. El profesor debe, ante todo, comunicar lo que es (decía Gregorio Luri que “el órgano de nuestros hijos para ser educados es el ojo”, por lo que no es cuestión de muchas palabras). Anna Frigerio, directora del Colegio Sacro Cuore de Milán, afirmaba que “educar es la comunicación de sí mismos, es decir, del modo en el que uno se relaciona con la realidad”. Giancarlo Cesana insistía en que el educador se tiene que poner en manos del alumno, se tiene que confiar a él y el alumno puede decir “no”. Los profesores se dirigen al aspecto más misterioso de la persona, su libertad. Se hablaba también de la importancia de que los profesores se formen siempre, cada vez más, en el conocimiento de las materias que imparten.

De todas estas cuestiones de fondo, de las que os traslado un esbozo por falta de espacio, se deriva la didáctica, que debe estar al servicio de la persona.

El criterio que define una buena didáctica es que logre despertar a la persona, volverla protagonista.

Para aprender y comprender algo es necesario apropiárselo, no basta con acceder a la información. Porque un dato se hace tuyo, se te hace evidente, cuando descubres qué tiene que ver contigo y con el resto de la realidad. Por eso, es esencial despertar lo más original que hay en la persona, a saber, sus exigencias fundamentales – de justicia, de verdad, de bien, de belleza – que subyacen a cualquier movimiento humano. De ahí que una relación educativa auténtica tenga que ver con descubrir el mundo juntos y estar presentes ambos (profesor y alumno) con toda nuestra persona, y no depende tanto de las estrategias didácticas (siempre bienvenidas, por otra parte).

Las grandes cuestiones de la didáctica se han identificado con la palabra, la mirada, y la pregunta. Enseñar a mirar, aprender juntos a preguntar y empalabrar el mundo para hacerlo nuestro son algunas de las pistas de trabajo que nos llevamos.

Por último, impresionante la experiencia del joven profesor francés Francois Bellamy, que nos invitaba a transmitir el gran legado cultural de Occidente a nuestros alumnos para no convertirles en “Los Desheredados”, título del libro que está batiendo récords de ventas en Francia y traducido ya al castellano. Nos dio horizonte e ilusión por seguir estudiando y transmitiendo el valor y la belleza de nuestra cultura.


EDITORIAL MARZO

Hablamos con Clara Fontana, directora académica del Colegio Kolbe, sobre qué significa ser un colegio bilingüe. 

Nuestro Colegio tuvo claro desde el primer día que la enseñanza de los idiomas era prioritaria para nuestros alumnos, en un mundo cada vez más global e intercultural.

Años antes de que nacieran los proyectos bilingües de la Comunidad Madrid, teníamos como objetivo enseñar lo mejor posible las lenguas extranjeras, desde un planteamiento comunicativo y generando un entorno bilingüe y una necesidad “artificial” para nuestros alumnos. De ahí que los profesores de inglés y de alemán  se dirijan siempre en su idioma a los alumnos “forzando” que estos tengan que hablar en esas lenguas para poder comunicarse. Además, somos conscientes de que enseñar una lengua implica también enseñar una cultura, con la riqueza que eso implica.

Desde hace muchos años, lingüistas, psicólogos, neurólogos, pedagogos y otros profesionales vienen insistiendo en que las habilidades que un niño desarrolla estando expuesto a dos idiomas siempre superan a las de aquellos que no lo han estado. Si bien en las primeras etapas des su desarrollo esto es menos perceptible, sí se observa a medida que los alumnos crecen y se enfrentan tanto a la universidad como al mundo laboral.

Nuestro Centro Escolar pertenece al primer grupo de colegios concertados dentro del programa bilingüe de la Comunidad de Madrid. Esto supone que no sólo se enseña el idioma como asignatura de lengua, sino que integramos el segundo idioma en la vida escolar, hablándolo más allá de las aulas, así como enseñando otras materias en ese otro idioma que, en este caso, es el inglés.

En la Etapa de Infantil, los niños están expuestos a clases de inglés donde se les enseña de forma comprensiva y significativa para ellos, como apunta uno de los mejores lingüistas de nuestro tiempo, Stephen Krashen. Las profesoras integran el segundo idioma en el día a día de los niños, facilitándoles aquellas expresiones y vocabulario que les van a resultar más necesarios para comunicarse con ellas, ya que no hablan en español con los niños. Estos, motivados e ilusionados por comunicarse, hacen progresos en su expresión oral, de forma natural y sin que ello suponga ningún trauma.

Esta misma forma de enseñar continúa progresivamente en la Etapa de Primaria. Siempre desde el empeño por provocar un aprendizaje significativo, creamos un ambiente en el que el inglés es tan protagonista que los niños sienten la necesidad y la ilusión de utilizarlo. El éxito de esta metodología se ve cuando vemos a nuestros alumnos salir del aula sin profesor a hacer algún recado y van hablando en inglés entre ellos con total normalidad. Es en esta etapa donde comienzan a preparar musicales en inglés y se dan las bases del idioma alemán, obligatorio en 5º y 6º curso.

Secundaria es el momento más crítico debido al momento evolutivo del alumno. Por ello, desde la asignatura de inglés y aquellas donde se utiliza el inglés como lengua vehicular, adaptamos los temarios creando proyectos y actividades que les motiven lo suficiente como para que sigan aprendiendo e, incluso, adquiriendo un segundo idioma.  Entre las actividades que les proponemos están el teatro, el recitado de poemas, las presentaciones orales de distintos temas de actualidad e históricos, lecturas…esto se complementa desde el resto de asignaturas,  en las que, a partir de esta etapa, se puede facilitar documentación en inglés.

En las etapas de Primaria y Secundaria la mayoría de nuestros alumnos (en torno a un 95%) se presentan a las pruebas externas de la Comunidad de Madrid, adquiriendo los títulos correspondientes de Cambridge: desde el KET hasta el Advanced, según el nivel de cada alumno.

En Bachillerato, adquiridos ya los objetivos lingüísticos, llega el momento de ponerlos en juego, realizando debates, ensayos, vídeos, trabajos y otras formas de expresión que les permitan disfrutar de todo lo aprendido y seguir mejorando. Un claro ejemplo de esto lo tenéis explicado por los mismos alumnos en varios artículos publicados en nuestra página web, que os invito a leer.

Todo esto se realiza con un gran equipo docente, utilizando diversas metodologías, adaptándonos a las necesidades de cada grupo y de cada alumno: aprendizaje cooperativo, inteligencias múltiples, competencias, rincones (en Infantil y primer ciclo de Primaria) y siempre siguiendo el proyecto educativo del Centro. Cabe destacar que todo el equipo recibe formación constante en bilingüismo, favoreciendo la asistencia a Congresos, cursos y facilitando la formación necesaria para estar al día en las últimas noticias relacionadas con educación y la enseñanza de idiomas.

Por otro lado, el departamento de idiomas cuenta con la ayuda constante de los Auxiliares de Conversación que participan en nuestras aulas y permiten que nuestros alumnos tengan siempre presente y visible que este colegio cuenta con el inglés como un idioma importante dentro del día a día.

Ahora podemos decir con satisfacción, después de varios años de Colegio, que tenemos gran número de alumnos que han cursado o cursan grados bilingües, han tenido experiencias de estancias largas en Universidades extranjeras (alemanas y anglosajonas) durante sus años de estudios universitarios e, incluso, han encontrado trabajo en Alemania, Inglaterra, Irlanda y Estados Unidos.

A continuación mostramos un vídeo de uno de los musicales en inglés que han tenido lugar en nuestro Colegio.


EDITORIAL FEBRERO

Clara Fontana reflexiona sobre la visión educativa de María Zambrano.

Pocas veces he leído algo tan precioso y verdadero sobre la tarea del maestro como unos párrafos de la filósofa española María Zambrano en Filosofía y Educación.

Son palabras que podemos entender si tenemos en la memoria a esos maestros que nos han marcado a cada uno y que son el ideal que perseguimos quienes nos dedicamos a esta bendita profesión. Vamos con el primero:

“Podría medirse quizá la autenticidad de un maestro por ese instante de silencio que precede a su palabra, por ese tenerse presente, por esa presentación de su persona antes de comenzar a darla en modo activo. Y aun por el imperceptible temblor que le sacude. Sin ello, el maestro no llega a serlo por grande que sea su ciencia. Pues que ello anuncia el sacrificio, la entrega.”

la tarea del maestro

Ese tenerse presente o entregarse a uno mismo diferencia radicalmente el día que entras en clase de forma rutinaria, con toda “tu ciencia” pero ausente de ti mismo. Esta posición de entregarse marca toda la diferencia:

“Y todo depende de lo que suceda en este instante que abre la clase cada día. De que en este enfrentarse de maestro y alumnos no se produzca la dimisión de ninguna de las partes.”

Hace falta que alumno y profesor estén presentes en lo que hacen, no dimitan, y el maestro debe estar atento cada día para ir en primera persona.

“Pues que una lección ha de darse en estado naciente. Se trata, en la transmisión oral del conocimiento, de un doble despertar, de una confluencia del saber y del no-saber-todavía. Y esto doblemente, pues que la pregunta del discípulo, esa que lleva grabada en su frente, se ha de manifestar y hacerse clara a él mismo. Pues el alumno comienza a serlo cuando se le revela la pregunta que lleva dentro agazapada. La pregunta que, al ser formulada, es el inicio del despertar de la madurez, la expresión misma de la libertad. (…)

No tener maestro es no tener a quien preguntar y más hondamente todavía, no tener ante quien preguntarse. Quedar encerrado dentro del laberinto primario que es la mente de todo hombre originariamente; quedar encerrado como el Minotauro, desbordante de ímpetu sin salida. (…)

Toda vida está en principio aprisionada, enredada en su propio ímpetu. Y el maestro ha de ser quien abra la posibilidad, la realidad de otro modo de vida, de la de verdad.

¡Qué maravilla de texto! Nuestra tarea es ayudar a que salga la pregunta que el alumno “lleva dentro agazapada”, “grabada en la frente”. No hay madurez ni ejercicio de la libertad sin hacer consciente la pregunta. ¡Cuántas sugerencias de método surgen de aquí! La pregunta despierta cuando tenemos delante maestros ante los que preguntarnos, que, por tanto, están ciertos de algunas cosas. Porque nadie pregunta si intuye que no hay respuesta.

Se empieza a salir del “laberinto” cuando estamos ante personas que no se esconden, que nos ofrecen hipótesis de respuesta, que confían en nosotros para verificarlas, que nos animan a preguntarnos y a responder porque confían en que existe un sentido, razones para vivir. Y entonces:

“La inicial resistencia del que irrumpe en las aulas se torna atención. La pregunta comienza a desplegarse. La ignorancia despierta es ya inteligencia en acto. Y el maestro ha dejado de sentir el vértigo de la distancia y ese desierto de la cátedra, como todos, pródigo de tentaciones. Ignorancia y saber circulan y se despiertan igualmente por parte del maestro y del alumno, que sólo entonces comienza a ser discípulo. Nace el diálogo”.

Todos los que hemos enseñado sabemos que entrar en un aula produce vértigo, porque no controlamos qué va a suceder ese día, porque ignoras cuál será la respuesta de tus alumnos, si ese día acudirán a tu llamada, a tu propuesta, o no. Se llama el “riesgo de educar”. Pero también sabemos cuál es la belleza del verdadero diálogo, la que nace cuando el otro está, cuando acude a tu llamada, cuando “entra” decimos coloquialmente entre nosotros. Entonces te pones a escuchar al otro, otra voz original que no eres tú. Hay pocas cosas tan preciosas como ver a un alumno preguntarse, salir de su laberinto y empezar a buscar por sí mismo, buscando tu mano y tu mirada cuando surge la duda o la debilidad.

Esta forma de estar, sin retraerse, entregándonos cada día, siendo conscientes de lo que está en juego es la que queremos cuidar en el Colegio. Crecer enseñando, enseñar creciendo, proponiendo siempre, incansablemente, retomando el camino cada vez, para ver el milagro del diálogo y del despertar de la persona.


EDITORIAL ENERO

Clara Fontana nos habla sobre la cohesión del equipo docente.

Si tuviera que describir en una palabra lo que más caracteriza la forma de trabajo del personal docente elegiría esta: cohesión. Dice la R.A.E. que cohesión es “el efecto de adherirse las cosas”. Estar pegados, en resumen, que, en nuestro caso, no es por asimilación acrítica con lo que hace quien tenemos cerca, sino por una tendencia permanente a un criterio común que amplifica nuestra mirada y nos hace mayores de lo que somos.

La cohesión didáctica implica compartir, lo que en la jerga escolar se llama coordinación. Esta coordinación en muchos colegios e institutos se reduce a una toma de acuerdos o un reparto de tareas, lo cual no es poco.

Nosotros llevamos a cabo algo más, compartimos y discutimos objetivos educativos, criterios didácticos y, ¿cómo no?, criterios de evaluación. Este trabajo no va en menoscabo de la libertad de cada uno (la famosa “libertad de cátedra”), sino que la exalta, pues pone en el punto de mira constantemente la mejora de nuestra práctica docente de una forma comunitaria. Además, nos ayuda a identificarnos con las razones del otro por lo que la toma de decisiones se hace en común, con una intención de verificar la eficacia e idoneidad de las mismas.

La cohesión de todo nuestro equipo docente implica, necesariamente, un tiempo de coordinación a distintos niveles.

En el plano vertical, de abajo a arriba, es muy importante plantearse cómo secuenciar de forma adecuada la enseñanza de las grandes áreas (lengua, matemáticas, inglés), además de dar una continuidad a la metodología y los objetivos educativos desde Infantil hasta Bachillerato. Para ello, los que llamamos “departamentos didácticos” (Humanidades y Ciencias Sociales, Ciencias y Matemáticas y Lenguas Extranjeras), compuestos por los profesores de cada ámbito, se reúnen semanalmente en Secundaria y quincenalmente en Primaria. Un ejemplo de este trabajo es el de la evaluación de los alumnos, uno de los parámetros de calidad educativa que se miden a la hora de certificar un centro educativo y que nos permite ser objetivos y medir la calidad de nuestro trabajo. En la práctica, un equipo cohesionado, compuesto por profesores de la misma materia, debería ser capaz de corregir de la misma forma un mismo examen, y asignar la misma puntuación, décimas arriba o abajo. Nosotros lo hacemos para autoevaluar nuestra coherencia y revisar nuestros criterios si  detectamos divergencias. Ello no es obstáculo para que a la hora de evaluar se mire la realidad de cada niño, pues lo que en uno es un enorme progreso, en otro es un paso pequeño. A esto también nos acompañamos, con la inestimable ayuda del Departamento de Orientación.

Además, los profesores y coordinadores de Infantil, Primaria y Secundaria tienen reuniones periódicas en común donde abordan la transición de una etapa a otra en lo que respecta a la metodología y otros aspectos más transversales: método de estudio, expresión oral y escrita, fomento de la lectura, etc…

El espíritu de esta coordinación es comunicarnos por qué hacemos las cosas

y tomar decisiones comunes basadas siempre en criterios fundamentales.

De forma horizontal, todos los profesores participan cada semana en reuniones de etapa – y de ciclo en el caso de Primaria – donde atendemos a la realidad de cada momento evolutivo, aterrizando en qué contenidos concretos queremos enseñar y cómo lo hacemos, además de evaluarse a cada niño de forma colegiada. Esta práctica de las “juntas de evaluación”, exigida por ley, es la más adecuada porque implica una mirada global al alumno que es imprescindible. No se mide su rendimiento académico por materias de forma aislada, sino que se ponen sobre la mesa aspectos que nos hacen valorar su rendimiento en su conjunto, compartiendo información que puede afectar a todas las áreas de distinta forma y ajustándonos a la realidad concreta de cada niño. Por otra parte, en estas reuniones horizontales se programan objetivos comunes, se plantean aspectos formativos del profesorado, se presentan novedades en cuanto al material didáctico de apoyo, se planifican eventos y se comparten experiencias didácticas y educativas significativas.

Por último, de forma trimestral, tienen lugar las Comisiones de Coordinación Pedagógica (C.C.P.), un diálogo abierto entre todos los representantes de etapa donde se tratan aspectos relativos a las líneas maestras del Colegio. No se trata de una reunión de tipo práctico, sino de una revisión de los aspectos que nos hacen quienes somos: nuestros valores, proyectos, planteamiento educativo de fondo, siempre ante la realidad que nos está tocando vivir. Estas reuniones hacen que nuestro proyecto educativo esté vivo y se actualice cada vez. Cada tres o cuatro años, además, y como colofón de este trabajo, nos reunimos en un Congreso de Educación para reflexionar sobre lo que aportamos como Colegio dentro del panorama educativo actual. Este trabajo “hacia fuera” lo llevamos a cabo en grupos más reducidos con profesores de otros colegios que comparten nuestro planteamiento educativo. En el próximo, que se ha convocado para el mes de abril, por ejemplo, haremos una revisión de fondo sobre el tema de la transmisión de la cultura en España y pondremos en común experiencias de educación de la razón y educación en la experiencia.


EDITORIAL NAVIDAD | STEFANO MOTTA

El capellán del Colegio Kolbe, Stefano Motta, nos escribe sobre el sentido de la Navidad

Verdaderamente vivimos en una época extraña.  Personas muy inteligentes y cultas describen aspectos de nuestra época con algunos términos muy potentes: “sociedad líquida”,  “hombre light”, “narcisismo”, “relativismo”.

No sé comprender hasta el fondo todos estos términos: a lo mejor hacen falta años de estudios de filosofía, de sociología y no sé qué más.  Pero algo sí se entiende, sobre todo si contrastamos estas expresiones tan plásticas con lo que vemos a diario: nuestra época tiene una herida. O, mejor dicho, el hombre de nuestra época, en nuestro contexto cultural y social, está herido.

Esta herida se oculta detrás de nuestra autosuficiencia, de nuestra presunta capacidad de arreglarnos la vida, de hacer consistir nuestro valor en lo que podemos hacer y realizar.

Pero la mayoría de las personas con que tengo trato – y yo – es muy frágil, a menudo incapaz de fidelidad, víctima de sus antojos, esclava de su instintividad. Y tiene sed. Tiene una necesidad muy grande de verdad, de amor, de certezas, de estabilidad.

Lo que celebramos en Navidad desafía de manera casi descarada esta fragilidad contemporánea: Dios se hace niño.

Un bebé nace. Es difícil pensar en algo más objetivo, algo que impulse con tanta fuerza a cada hombre a salir de si como para acudir a un pequeño ser que llora, que tiene hambre, que necesita nuestro amor, nuestro afecto. Tan pequeño e indefenso que depende totalmente de nuestra respuesta a su presencia necesitada.

Una madre puede permitirse ser narcisista (o relativista, o light, o líquida, si queremos) solo a ratos. Si su niño llora o tiene hambre, tiene que levantarse y darle el pecho. Punto. No existen interpretaciones ni atajos: si no lo hace el niño muere. Y este niño está. No depende de mi deseo. Existe. Noche tras noche hace falta cuidarlo, año tras año.

Dijo Chesterton que en el Nacimiento hay «algo que, aun a los más endurecidos corazones, traiciona con una irresistible atracción hacia el bien … Algo que es todo lo que hay en nosotros de ternura eterna. Algo que es la palabra rota y la razón perdida, que se concretan y se hacen positivas. Algo por lo que los reyes exóticos llegaron de un país lejano y por lo que los pastores dejaron sus correrías por la montaña, y por lo que la noche y la caverna imperaron solas, recibiendo algo que era más humano que la Humanidad misma.[1]». Algo tan bello que nos distrae de nosotros mismos para atraernos hacia un punto de luz que está fuera, que es otro.

En Navidad podemos contemplar algo increíble: toda la sed de verdad, de certeza, de estabilidad, de felicidad que marcan tan dolorosamente a cada hombre encuentran su respuesta concreta y objetiva en el Dios que se pone a nuestro lado. El Señor del mundo, del cosmos y de la historia no soy yo: es uno que llora porque tiene hambre, ríe por una caricia. No coincide con mi persona, con mis pensamientos: me obliga, de alguna forma, a olvidarme de mí para que pueda volver a encontrarme plenamente.

Aunque cueste mucho admitirlo – a lo mejor no teóricamente, sino prácticamente – nuestra salvación está fuera de nosotros. Convencerse de que yo, solo, puedo construir mi felicidad, puedo realizar el éxito de mi vida y vivir consecuentemente es una utopía maligna que lleva a someterse a una cantidad impresionante de ilusiones, y que fácilmente se convierten en ídolos: el dinero, la salud, la posición social, el trabajo, los amigos, la familia, la nación… todas cosas óptimas, aunque, en sí, demasiado pequeñas para que puedan edificar enteramente mi felicidad.

“Mirad cuántos señores tienen los que no quieren reconocer al único Señor”, dijo san Ambrosio de Milán; en Navidad es más fácil reconocer al único Señor porque se hace pequeño, muy identificable. No tiene el tamaño monstruoso de nuestro ego, sino el diminuto tamaño del niño de Belén.

Para verlo hace falta un pequeño paso fuera de nosotros mismos, y empezar a dejarnos imantar por su ternura.

[1] G.K. Chesterton, El hombre eterno, LEA, Bs. As., 1987, pp. 201-221


EDITORIAL NOVIEMBRE

Clara Fontana, Directora Académica del Colegio, reflexiona sobre cómo educar hoy.

El pasado viernes 20 de octubre tuvo lugar en el colegio un encuentro con Franco Nembrini, nuestro gran amigo. Volvió a ser un soplo de aire fresco, que nos hizo salir de nuevo con energías renovadas, con ganas de volver a empezar las veces que sea necesario. Solo por esto ya merecía la pena ir.

Pero, además, quería compartir con vosotros lo que está siendo objeto de reflexión entre nosotros en los últimos tiempos y que le preguntamos a Franco el otro día. Os recomiendo ver su intervención para ahondar en ello. Al comienzo de curso nos preguntábamos cuáles son los rasgos que definen la sociedad en la que vivimos y uno de los que detectamos como más llamativos es la pérdida de certeza respecto a la realidad. Nuestros jóvenes (y nosotros, no nos engañemos) viven en un mundo cada vez más virtual, cada vez más rápido e inconsistente, algunos hablan de una sociedad “líquida”. Y quizás sea oportuno preguntarnos si nosotros participamos también de ese alejamiento de la realidad.

Vivimos muchas cosas, muy deprisa, pero tenemos déficit de experiencia porque nada nos toca, nada deja huella, enseguida pasamos página y vamos a lo siguiente. Vivimos instalados en el cambio, en la opinión inconsistente, en la auto-referencialidad. Tal vez todo lo que estamos viviendo estos días en nuestro país con respecto a Cataluña pueda ser paradigmático para entender lo que digo.

En cuanto a nuestros hijos, lo podemos ver en cómo tratamos de evitarles sufrimientos o dificultades; en cómo nos duelen sus errores, como si fueran un juicio sobre nuestro ser padres o una mancha imborrable en sus vidas, en vez de ser una ocasión para el perdón y para dar un paso; en cómo tantas veces en la adolescencia desaparece el diálogo y la comunicación y no dejamos espacio a las preguntas, esas benditas preguntas que todos tenemos y que nos guían tantas veces a buscar la verdad, tan denostada por el relativismo reinante.

El resultado es que de la realidad solo nos llegan impresiones, pero no evidencias. ¿Cómo educar en la experiencia, en la relación con la realidad, también cuando ésta duele o no es como pensábamos?

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Solo podemos educar en esta apertura a la realidad si, como dice Franco en su intervención, tenemos una percepción positiva de la realidad y de nosotros mismos. Es decir, si partimos de una hipótesis positiva, de la existencia de un significado, aunque este sea tantas veces misterioso e incomprensible. Sin esta percepción positiva de la vida, vivimos tratando de defendernos de ella – por cierto, inútilmente, porque la vida siempre nos hiere – y eso es lo que les enseñamos a nuestros hijos. Sin buscar un sentido se bloquea el diálogo apasionante con las cosas que se llama conocimiento y experiencia. Pegarnos a los hechos y no a nuestras ideas es un ejercicio que todos podemos y debemos hacer para que no prevalezca nuestra idea o nuestra impresión de las cosas frente a las cosas mismas. Y, por otra parte, si nuestros hijos no perciben en nuestra mirada su valor, independiente de cómo estén ellos en este momento, no tendrán una percepción positiva de sí mismos y crecerán en la inseguridad, siempre con la sensación de no estar a la altura de nuestras expectativas.

 


EDITORIAL

Clara Fontana, nuestra Directora Académica comparte con los lectores este editorial.

Inauguramos nuestro nuevo Blog elQuincenal online con el dolor por el difícil momento que está viviendo nuestro país. Lo hacemos con una reflexión que pretende ser una ayuda para educar en el momento presente, mirando los desafíos que nos plantea el mundo en el que vivimos y en el que están creciendo nuestros niños y jóvenes.

Esta mañana, al llegar a clase de Historia, no podíamos no mirar junto a nuestros alumnos los acontecimientos que están ocupando la atención de todos desde el pasado fin de semana. Los chicos, quien más y quien menos, han vivido en sus casas la preocupación y han visto las noticias y las imágenes que ha dejado la jornada. ¡Qué responsabilidad! ¿Cuál es, pues, nuestra tarea como maestros?

Cualquiera que se haya asomado con un mínimo de curiosidad a la Historia sabe que construir la convivencia es mucho más difícil que destruirla. Y que la mejor forma de destruirla es reducir al otro. Y lo reduzco cuando dejo de mirarle como hombre y le cuelgo un cartel, da igual cuál sea. Ese cartel le convierte de inmediato en mi enemigo, lo deshumaniza, lo cosifica, y entonces “todo vale”, entonces dejo de verle. Hay un libro fantástico que explica mejor que nadie lo que quiero decir. Se trata de Vida y destino, de Vassilij Grossman. En él, hablando de los peores momentos de los gulags soviéticos y los campos de concentración nazis, donde al hombre se le redujo a “enemigo del pueblo” o “enemigo de la nación alemana”, o…, se dice: “La historia de los hombres no es el combate del bien que trata de vencer al mal. La historia del hombre es el combate del mal tratando de aplastar el minúsculo grano de humanidad. Pero si ni siquiera ahora lo humano ha sido muerto en el hombre, entonces quiere decir que el mal no vencerá jamás”.

En estos días es importante analizar la situación, tratar de ayudar a nuestros alumnos a mirar lo que pasa, porque el diálogo con la realidad, la tensión a la verdad, es clave para crecer como personas. Por eso es bueno que conozcan los fundamentos de nuestro Estado de Derecho, el valor de nuestra Constitución y el privilegio de vivir amparados por la legitimidad democrática. Y es igualmente necesario que nos preguntemos qué nos une a los otros, porque ese es el fundamento de la polis, la búsqueda del bien común. La Historia está llena de ejemplos de cómo una ideología puede alejarnos tanto de la realidad que nos llega a separar o enfrentar al hombre o la mujer que tenemos al lado. Por eso, es necesario no aplastar “el minúsculo grano de humanidad”; es bueno que lloremos ante la violencia; es bueno que nos comprometamos en el diálogo con el otro, que siempre conlleva desplazarnos de nuestras posiciones y escuchar las razones del otro; es bueno que nos comprometamos con la paz, que podamos mirar juntos si “el otro”, aunque piense diferente, es un bien para mí. Solo así saldrán del Kolbe hombres y mujeres para el mundo, capaces de construir, de comprometerse, de dialogar.

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